Viciando a... (V): Persona 4

Hoy sale Persona 5. No tengo ni idea de si me gustará o no, no sé ni qué pensar de este título. A veces he sentido ganas de cancelar mi reserva, mientras que otras recordaba cuánto me gusta Persona 3 y me decía a mí misma que tenía que apoyar a este juego. Si habéis leído este blog alguna vez ya sabréis que tengo una relación tormentosa de amor, odio y muchos rencores con Atlus, pero pese a todo compro religiosamente todos sus juegos que salen en europa (y también la mayoría de los que no). Y hoy, pensando en el primer juego de Atlus que compré, no he podido evitar reprimir una sonrisa. Si no hubiera cancelado Persona 5 (con todo el dolor de mi corazón, hay que decirlo) por coincidir con NieR Automata, mañana vendría el señor cartero y yo dejaría el juego instalándose mientras me echo unas partidas a Outrun. Pero hace ocho años... ¡bueno, no fue tan sencillo!


El día en que anunciaron que habría Persona 4 me puse muy contenta, dando saltos de alegría casi literalmente y contándoselo a todo el mundo. No importaba que a la mayoría de mis amigos ni si quiera les gustasen los videojuegos: se comieron mis fangirleos diarios, mis recordatorios semanales de la fecha de salida de Persona 4, llegando al punto surrealista de ser gente casual que sólo jugaba a SingStar y Habbo pero capaz de decirte los nombres de todos los Shin Megami Tensei de la era de Playstation 2, que fue la que nos pilló por aquel entonces. Así, P4 se convirtió rápidamente en mi juego más hypeado de la historia, y el primero que compré de lanzamiento y con mi propio dinero. Ni siquiera mi emoción con Drakengard 3 o NieR: Automata puede compararse a lo que sentí entonces. Como no tenía la PS3 ni había asomo de que fuera a tenerla (tardé seis años en comprarla, y de hecho ya existía este blog), el hecho de que apareciera como el último gran juego de Playstation 2 fue para mí un motivo más para amar a Atlus por siempre, sin importar todo lo que pasara a partir de entonces.

Buscaba noticias del juego obsesivamente, y entre sus novedades respecto a mi querido Persona 3 se encontraba "una historia 1,5 veces más larga", y un montón de cosas superchachis: que si trabajar, que si Social Links con los compañeros masculinos del equipo, la posibilidad de que no todas las chicas acaben siendo tus novias... En el fondo nada de eso me importaba. Yo me decía: "Ohhh, es la secuela de Persona 3. Ya verás tú cómo me voy a viciar, porque voy ya por mi tercera partida". Todos esos pensamientos acudieron a mi cabeza, y siendo yo verdaderamente pobre en aquella época (mucho, mucho más de lo que sugiere el uso cotidiano e informal que le damos a la palabra), me resultó muy difícil no piratear la versión americana en cuanto salió. Pero yo lo quería. De hecho lo necesitaba, de una forma muy literal: me encontraba bastante deprimida y sinceramente el advenimiento de una secuela de Persona 3 era un motivo tan válido como cualquier otro para despertarse por las mañanas. ¡En serio, no os riáis!

Pero más aún: quería apoyarles, quería pensar que en un futuro aquellos juegos podrían ser populares, y que si no los comprábamos cuando salían, Atlus confirmaría efectivamente su impresión de que a Europa sus juegos le importaban un carajo y no nos iba a llegar ningún otro. Había jugado a otros Shin Megami Tenseis, no sólo a Persona 3, pero por aquel entonces no tuve dinero para comprarme ninguno. No obstante con Persona 4 surgió mi oportunidad: la oportunidad de demostrar que en Europa nos importaban aquellos juegos maravillosos. Salía al módico precio de 30 euros por cortesía de Square Enix, porque en 2009 la Playstation 2 estaba muerta y enterrada: a ése precio tenía que hacer lo que fuera para comprarlo. Fue así como vendí mi Dreamcast, aunque al final ese dinero se fue a otros propósitos y me costó horrores reunir lo que necesitaba para el juego. No sé ni cómo lo hice, pero lo conseguí.

El momento llegó, y me acerqué a una tienda Abacus  para reservarlo. Sí, me compré el Persona 4 en una tienda de libros porque ninguna puta tienda de videojuegos tenía ni idea de qué cojones les estaba pidiendo, pero sorprendentemente en Abacus sí. Recuerdo claramente que a la señorita que me atendió se le iluminó la cara en cuanto le dije el título del juego, y me dijo muy contenta que "CLARÍSIMO QUE SÍ, VEN EL DÍA 13 Y TE LO LLEVAS" (sí, la chica hablaba en mayúsculas; no me preguntéis cómo se hace). Luego voy a un GAME la semana en que sale P3P y me juran que no saldrá en españa, para que quince días después cuando ya lo he importado, me lo encuentro en la tienda. Pero la chica de Abacus sabía hacer su trabajo como nadie y estaba totalmente al día de la fecha del último gran juego de Playstation 2.

Sep, me compré Persona 4 en una tienda de libros.

Así pues, llegó el 13 de Marzo de 2009. Como yo iba a Cuarto de ESO (¡juventud divino tesoro!) podía salir del instituto en la hora del patio, y fui corriendo a la Abacus a comprarme mi Persona 4, dado que si no iba entonces ya no podía ir en todo el día. La chica me dijo muy enfadada que "TE HABÍA ESTADO ESPERANDO" y "LOS TENEMOS DESDE AYER, CORRE", y me llevó a un mueble súper VIP que abrió con llave y sacó de ahí mi Persona 4, precintadito súper bonito. Qué cosa más preciosa, nunca jamás me he vuelto a sentir tan emocionada comprando ningún juego ni creo que vuelva a ocurrir nunca. Me dijo: "¡¡MIRA, INCLUYE LA BANDA SONORA!!" y yo: "¡OANLA SÍ OSEA QUE GUAY!" y fangirleamos juntas del juego que me estaba comprando, compartiendo una ilusión inusitada: supongo que ella también era fan. Si lo hubiera pensado en aquel momento creo que hubiera ido a la tienda más a menudo, pero estaba ocupada pensando en el vicio que me iba a pegar esa misma tarde. Pagué el juego y volví a clase, no sin antes cruzarme a mi querido Tchangla por el pasillo y pasarle la bolsa por la cara con una sonrisa que emanaba el concepto de la felicidad en sí misma mientras pasaba bailando. Todavía nos reímos al recordarlo (sobretodo por lo que pensé después del juego, obviamente). Tras varias clases en babia pensando en el juegazo que me esperaba, comer, leer el manual (maravilloso, fantástico, ¡a todo color!) y más clases de mierda, llegué a mi casa al fin (desde las once de la mañana hasta las seis de la tarde no es demasiado pero se me hizo honestamente ETERNO) y metí el juego en la consola.

Diálogos, diálogos y más diálogos. Se me hizo un poco pesado, pero no es que Persona 3 empezase directo a la acción, tampoco... Así que nada, a machacar X mientras leía. Me sorprendieron gratamente con el estilo gráfico, que siendo exactamente igual al de P3 era mucho más bonito con ésos ángulos de cámara. Y luego estaba la escuela, que era exactamente igual. Y el juego pues... sí, también era exactamente igual. Más bonito, porque el naranja es más bonito que el azul, pero... ay. No os creáis que mientras jugaba lo odiaba, pero no sentí esa conexión instantánea de querer volver rápido a casa para pasar la tarde jugando a Persona 4, como sí me había pasado en la tercera entrega. Por aquellas épocas yo jugaba diez horas un fin de semana y luego no me acercaba a una consola durante cuatro meses, aunque algunas excepciones me engancharon obsesivamente. Persona 4 no fue uno de ellos, y aunque disfruté honestamente de esas maratones (digamos que el juego me lo pasé en siete u ocho sentadas repartidas entre marzo y diciembre), sentí que me faltaba algo. La banda sonora era mejor, los gráficos eran mejores, el sistema de combates era sin duda mejor... pero no conectamos. Pronto me di cuenta de que Persona 4 era Scooby Doo, y aquella serie no me gustaba ni de pequeña.

EL MANUAL ES LA CLAVE DE LA FELICIDAD.

Ahora lo pienso y el rollo happy flower no tiene nada de malo, es más innovador e interesante que el estilo emo darks edgy adolescente del tercero, pero no nos engañemos: le tengo una tirria inmensa a Persona 4. Quizá por ser el popular, quizá por toda la gente que ignoró P3 cuando se lo recomendé pero que años más tarde vinieron a recomendarme el 4 como si fuera la segunda venida de Cristo. Quizá por las desmesuradas expectativas que deposité en él, quizá por la increíble evasión de mi vida diaria (no demasiado afortunada) que conseguía P3 y que sin embargo no funcionó con su secuela, que me pareció un juego como cualquier otro. Bueno, pero no original. Simplemente me di cuenta de que yo necesitaba algo que me hiciera sentir igual que Persona 3, pero no OTRO Persona 3. Y me sentí un poco triste, claro, porque había esperado casi un año desde la versión americana para encontrarme con que el juego no era lo que yo quería, pese a ser probablemente mejor que el anterior. Lo disfruté, pero al mismo tiempo no me gustó. Es... algo difícil de explicar.

Los años fueron pasando, y llegó toda la historia de cambios de manos de Atlus que ya expliqué. Persona 4 simplemente no me gustó, pero supongo que con el paso de los años y su explotación, su popularidad inmensa y la manía de colarte Persona hasta en Etrian Odyssey y Blazblue me han convertido en el ogro que salta a defender Nocturne cada vez que alguien dice que Persona 4 es genial. Pero la verdad es que, cada vez que lo pienso, cada vez que me acuerdo de la ilusión con la que buscaba noticias del juego cada día, de aquella vez que me quedé en casa de mis abuelos a dormir única y exclusivamente para ver el tráiler de gameplay de 20 minutos de Persona 4 que previsiblemente se filtraría a internet la noche en que saliera el DVD de los conciertos de P3 porque la conexión de mi casa era una basura y allí no podría verlo... Joder, valió la pena. Aunque mis recuerdos del juego no sean los mejores que tengo con la saga, el juego valía sus 30€ más que justificadamente.

Con el tiempo se convirtió en obra de culto carne de la especulación, y llegué a verlo de segunda mano triplicando su precio de salida oficial, pero nunca me planteé vender el mío. Paradójicamente en caso de necesidad podría vender mi Nocturne, mi Digital Devil Saga, hasta mi Persona 3, pero creo que no sería capaz de vender éste sólo por el cariño con el que recuerdo aquella época. En el fondo soy una romántica, porque más allá de mi poco aprecio al juego, cuando lo veo en la estantería solo pienso en todos aquellos meses de espera, la ilusión con la que lo esperé, los sacrificios que tuve que hacer para comprarlo... y sé que pese a todo no me equivoqué. No fue ni mucho menos malo, ¡para nada! Si pudiera retroceder en el tiempo iría a 2009, pero no a impedir que la Victoria de aquella época se comprase el juego... sino a ver su cara de felicidad  cada vez que pensaba en él y contagiarme un poco de ese amor fangirl a Atlus que, aunque algo dolido y distorsionado, con rencores y reproches, creo que todavía sigue ahí.

¿Qué pasará con Persona 5? Ni yo misma lo sé, ni tengo claro qué quiero de él. No espero nada, supongo, porque Shin Megami Tensei IV fue para mí un desengaño tremendo: casi tanto como Persona 4, porque me compré una puta consola  por él, y he acabado odiando dicha máquina: el hype es malo, no hay duda, y la culpa es mayormente mía. Con el paso de los años Atlus ha cambiado el target al que se dirige mayoritariamente, se ha hecho más popular, y yo a cambio me he vuelto terriblemente cínica, descreída y hasta catastrofista al respecto de cada nuevo lanzamiento en la compañía. Pero pese a mis quejas constantes los he comprado todos, toditos, todos, el día de lanzamiento y a su precio completo.

Pero eso ya no es posible. Atlus ha retrasado el juego una y otra vez: en septiembre lo hubiera comprado, en diciembre también, en febrero también. Hoy ya no, porque teniendo que elegir, he elegido NieR Automata, y aunque podría vender mi nueva Dreamcast para comprármelo... sé que esta vez sería un error y me arrepentiría. ¿Qué le vamos a hacer? Si Atlus saca su juego estrella casi el mismo mes en el que salen cosas tan tochísimas como ha sido este marzo (NieR, Atelier, la Switch...), yo tampoco puedo hacer nada por evitarlo y ya hice un ejercicio de fe inmenso comprándome SMT IV Apocalypse. De verdad que quiero Persona 5, pero con la cantidad de SMTs que tengo en la estantería e ignoro, lo veo un derroche innecesario pese a que sé que va a ser mejor que todos estos juegos juntos.

Me tomo esto como una especie de juicio, una apuesta no tanto con Atlus como conmigo misma: hoy lo apuesto todo por Persona 5, apuesto a que Atlus lo habrá hecho verdaderamente bien. Ya no lo miro con la mentalidad de no querer el mismo juego repintado porque para qué engañarnos: lo será, y eso me pone ciertamente triste. Simplemente quiero recuperar mi fe en Atlus como la recuperé con Catherine, volver a tener quince años mientras el disco esté dentro de la consola y olvidar el flujo del tiempo durante mi partida. ¿Lo conseguirán? No tengo ni idea... pero de verdad que quiero que así sea. Disfrutad del juego como se merece aquellos que lo tengáis, porque seguro que va a ser enorme. ¡La suerte está echada!

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