Viciando a... (V): Persona 4
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Hoy sale Persona 5. No tengo ni idea de si me gustará o no, no sé ni qué pensar de este título. A veces he sentido ganas de cancelar mi reserva, mientras que otras recordaba cuánto me gusta Persona 3 y me decía a mí misma que tenía que apoyar a este juego. Si habéis leído este blog alguna vez ya sabréis que tengo una relación tormentosa de amor, odio y muchos rencores con Atlus, pero pese a todo compro religiosamente todos sus juegos que salen en europa (y también la mayoría de los que no). Y hoy, pensando en el primer juego de Atlus que compré, no he podido evitar reprimir una sonrisa. Si no hubiera cancelado Persona 5 (con todo el dolor de mi corazón, hay que decirlo) por coincidir con NieR Automata, mañana vendría el señor cartero y yo dejaría el juego instalándose mientras me echo unas partidas a Outrun. Pero hace ocho años... ¡bueno, no fue tan sencillo!
El día en que anunciaron que habría Persona 4 me puse muy contenta, dando saltos de alegría casi literalmente y contándoselo a todo el mundo. No importaba que a la mayoría de mis amigos ni si quiera les gustasen los videojuegos: se comieron mis fangirleos diarios, mis recordatorios semanales de la fecha de salida de Persona 4, llegando al punto surrealista de ser gente casual que sólo jugaba a SingStar y Habbo pero capaz de decirte los nombres de todos los Shin Megami Tensei de la era de Playstation 2, que fue la que nos pilló por aquel entonces. Así, P4 se convirtió rápidamente en mi juego más hypeado de la historia, y el primero que compré de lanzamiento y con mi propio dinero. Ni siquiera mi emoción con Drakengard 3 o NieR: Automata puede compararse a lo que sentí entonces. Como no tenía la PS3 ni había asomo de que fuera a tenerla (tardé seis años en comprarla, y de hecho ya existía este blog), el hecho de que apareciera como el último gran juego de Playstation 2 fue para mí un motivo más para amar a Atlus por siempre, sin importar todo lo que pasara a partir de entonces.
El día en que anunciaron que habría Persona 4 me puse muy contenta, dando saltos de alegría casi literalmente y contándoselo a todo el mundo. No importaba que a la mayoría de mis amigos ni si quiera les gustasen los videojuegos: se comieron mis fangirleos diarios, mis recordatorios semanales de la fecha de salida de Persona 4, llegando al punto surrealista de ser gente casual que sólo jugaba a SingStar y Habbo pero capaz de decirte los nombres de todos los Shin Megami Tensei de la era de Playstation 2, que fue la que nos pilló por aquel entonces. Así, P4 se convirtió rápidamente en mi juego más hypeado de la historia, y el primero que compré de lanzamiento y con mi propio dinero. Ni siquiera mi emoción con Drakengard 3 o NieR: Automata puede compararse a lo que sentí entonces. Como no tenía la PS3 ni había asomo de que fuera a tenerla (tardé seis años en comprarla, y de hecho ya existía este blog), el hecho de que apareciera como el último gran juego de Playstation 2 fue para mí un motivo más para amar a Atlus por siempre, sin importar todo lo que pasara a partir de entonces.
Buscaba noticias del juego obsesivamente, y entre sus novedades respecto a mi querido Persona 3 se encontraba "una historia 1,5 veces más larga", y un montón de cosas superchachis: que si trabajar, que si Social Links con los compañeros masculinos del equipo, la posibilidad de que no todas las chicas acaben siendo tus novias... En el fondo nada de eso me importaba. Yo me decía: "Ohhh, es la secuela de Persona 3. Ya verás tú cómo me voy a viciar, porque voy ya por mi tercera partida". Todos esos pensamientos acudieron a mi cabeza, y siendo yo verdaderamente pobre en aquella época (mucho, mucho más de lo que sugiere el uso cotidiano e informal que le damos a la palabra), me resultó muy difícil no piratear la versión americana en cuanto salió. Pero yo lo quería. De hecho lo necesitaba, de una forma muy literal: me encontraba bastante deprimida y sinceramente el advenimiento de una secuela de Persona 3 era un motivo tan válido como cualquier otro para despertarse por las mañanas. ¡En serio, no os riáis!
Pero más aún: quería apoyarles, quería pensar que en un futuro aquellos juegos podrían ser populares, y que si no los comprábamos cuando salían, Atlus confirmaría efectivamente su impresión de que a Europa sus juegos le importaban un carajo y no nos iba a llegar ningún otro. Había jugado a otros Shin Megami Tenseis, no sólo a Persona 3, pero por aquel entonces no tuve dinero para comprarme ninguno. No obstante con Persona 4 surgió mi oportunidad: la oportunidad de demostrar que en Europa nos importaban aquellos juegos maravillosos. Salía al módico precio de 30 euros por cortesía de Square Enix, porque en 2009 la Playstation 2 estaba muerta y enterrada: a ése precio tenía que hacer lo que fuera para comprarlo. Fue así como vendí mi Dreamcast, aunque al final ese dinero se fue a otros propósitos y me costó horrores reunir lo que necesitaba para el juego. No sé ni cómo lo hice, pero lo conseguí.
Pero más aún: quería apoyarles, quería pensar que en un futuro aquellos juegos podrían ser populares, y que si no los comprábamos cuando salían, Atlus confirmaría efectivamente su impresión de que a Europa sus juegos le importaban un carajo y no nos iba a llegar ningún otro. Había jugado a otros Shin Megami Tenseis, no sólo a Persona 3, pero por aquel entonces no tuve dinero para comprarme ninguno. No obstante con Persona 4 surgió mi oportunidad: la oportunidad de demostrar que en Europa nos importaban aquellos juegos maravillosos. Salía al módico precio de 30 euros por cortesía de Square Enix, porque en 2009 la Playstation 2 estaba muerta y enterrada: a ése precio tenía que hacer lo que fuera para comprarlo. Fue así como vendí mi Dreamcast, aunque al final ese dinero se fue a otros propósitos y me costó horrores reunir lo que necesitaba para el juego. No sé ni cómo lo hice, pero lo conseguí.
El momento llegó, y me acerqué a una tienda Abacus para reservarlo. Sí, me compré el Persona 4 en una tienda de libros porque ninguna puta tienda de videojuegos tenía ni idea de qué cojones les estaba pidiendo, pero sorprendentemente en Abacus sí. Recuerdo claramente que a la señorita que me atendió se le iluminó la cara en cuanto le dije el título del juego, y me dijo muy contenta que "CLARÍSIMO QUE SÍ, VEN EL DÍA 13 Y TE LO LLEVAS" (sí, la chica hablaba en mayúsculas; no me preguntéis cómo se hace). Luego voy a un GAME la semana en que sale P3P y me juran que no saldrá en españa, para que quince días después cuando ya lo he importado, me lo encuentro en la tienda. Pero la chica de Abacus sabía hacer su trabajo como nadie y estaba totalmente al día de la fecha del último gran juego de Playstation 2.
| Sep, me compré Persona 4 en una tienda de libros. |
Así pues, llegó el 13 de Marzo de 2009. Como yo iba a Cuarto de ESO (¡juventud divino tesoro!) podía salir del instituto en la hora del patio, y fui corriendo a la Abacus a comprarme mi Persona 4, dado que si no iba entonces ya no podía ir en todo el día. La chica me dijo muy enfadada que "TE HABÍA ESTADO ESPERANDO" y "LOS TENEMOS DESDE AYER, CORRE", y me llevó a un mueble súper VIP que abrió con llave y sacó de ahí mi Persona 4, precintadito súper bonito. Qué cosa más preciosa, nunca jamás me he vuelto a sentir tan emocionada comprando ningún juego ni creo que vuelva a ocurrir nunca. Me dijo: "¡¡MIRA, INCLUYE LA BANDA SONORA!!" y yo: "¡OANLA SÍ OSEA QUE GUAY!" y fangirleamos juntas del juego que me estaba comprando, compartiendo una ilusión inusitada: supongo que ella también era fan. Si lo hubiera pensado en aquel momento creo que hubiera ido a la tienda más a menudo, pero estaba ocupada pensando en el vicio que me iba a pegar esa misma tarde. Pagué el juego y volví a clase, no sin antes cruzarme a mi querido Tchangla por el pasillo y pasarle la bolsa por la cara con una sonrisa que emanaba el concepto de la felicidad en sí misma mientras pasaba bailando. Todavía nos reímos al recordarlo (sobretodo por lo que pensé después del juego, obviamente). Tras varias clases en babia pensando en el juegazo que me esperaba, comer, leer el manual (maravilloso, fantástico, ¡a todo color!) y más clases de mierda, llegué a mi casa al fin (desde las once de la mañana hasta las seis de la tarde no es demasiado pero se me hizo honestamente ETERNO) y metí el juego en la consola.
Diálogos, diálogos y más diálogos. Se me hizo un poco pesado, pero no es que Persona 3 empezase directo a la acción, tampoco... Así que nada, a machacar X mientras leía. Me sorprendieron gratamente con el estilo gráfico, que siendo exactamente igual al de P3 era mucho más bonito con ésos ángulos de cámara. Y luego estaba la escuela, que era exactamente igual. Y el juego pues... sí, también era exactamente igual. Más bonito, porque el naranja es más bonito que el azul, pero... ay. No os creáis que mientras jugaba lo odiaba, pero no sentí esa conexión instantánea de querer volver rápido a casa para pasar la tarde jugando a Persona 4, como sí me había pasado en la tercera entrega. Por aquellas épocas yo jugaba diez horas un fin de semana y luego no me acercaba a una consola durante cuatro meses, aunque algunas excepciones me engancharon obsesivamente. Persona 4 no fue uno de ellos, y aunque disfruté honestamente de esas maratones (digamos que el juego me lo pasé en siete u ocho sentadas repartidas entre marzo y diciembre), sentí que me faltaba algo. La banda sonora era mejor, los gráficos eran mejores, el sistema de combates era sin duda mejor... pero no conectamos. Pronto me di cuenta de que Persona 4 era Scooby Doo, y aquella serie no me gustaba ni de pequeña.
Ahora lo pienso y el rollo happy flower no tiene nada de malo, es más innovador e interesante que el estilo emo darks edgy adolescente del tercero, pero no nos engañemos: le tengo una tirria inmensa a Persona 4. Quizá por ser el popular, quizá por toda la gente que ignoró P3 cuando se lo recomendé pero que años más tarde vinieron a recomendarme el 4 como si fuera la segunda venida de Cristo. Quizá por las desmesuradas expectativas que deposité en él, quizá por la increíble evasión de mi vida diaria (no demasiado afortunada) que conseguía P3 y que sin embargo no funcionó con su secuela, que me pareció un juego como cualquier otro. Bueno, pero no original. Simplemente me di cuenta de que yo necesitaba algo que me hiciera sentir igual que Persona 3, pero no OTRO Persona 3. Y me sentí un poco triste, claro, porque había esperado casi un año desde la versión americana para encontrarme con que el juego no era lo que yo quería, pese a ser probablemente mejor que el anterior. Lo disfruté, pero al mismo tiempo no me gustó. Es... algo difícil de explicar.
| EL MANUAL ES LA CLAVE DE LA FELICIDAD. |
Ahora lo pienso y el rollo happy flower no tiene nada de malo, es más innovador e interesante que el estilo emo darks edgy adolescente del tercero, pero no nos engañemos: le tengo una tirria inmensa a Persona 4. Quizá por ser el popular, quizá por toda la gente que ignoró P3 cuando se lo recomendé pero que años más tarde vinieron a recomendarme el 4 como si fuera la segunda venida de Cristo. Quizá por las desmesuradas expectativas que deposité en él, quizá por la increíble evasión de mi vida diaria (no demasiado afortunada) que conseguía P3 y que sin embargo no funcionó con su secuela, que me pareció un juego como cualquier otro. Bueno, pero no original. Simplemente me di cuenta de que yo necesitaba algo que me hiciera sentir igual que Persona 3, pero no OTRO Persona 3. Y me sentí un poco triste, claro, porque había esperado casi un año desde la versión americana para encontrarme con que el juego no era lo que yo quería, pese a ser probablemente mejor que el anterior. Lo disfruté, pero al mismo tiempo no me gustó. Es... algo difícil de explicar.
Los años fueron pasando, y llegó toda la historia de cambios de manos de Atlus que ya expliqué. Persona 4 simplemente no me gustó, pero supongo que con el paso de los años y su explotación, su popularidad inmensa y la manía de colarte Persona hasta en Etrian Odyssey y Blazblue me han convertido en el ogro que salta a defender Nocturne cada vez que alguien dice que Persona 4 es genial. Pero la verdad es que, cada vez que lo pienso, cada vez que me acuerdo de la ilusión con la que buscaba noticias del juego cada día, de aquella vez que me quedé en casa de mis abuelos a dormir única y exclusivamente para ver el tráiler de gameplay de 20 minutos de Persona 4 que previsiblemente se filtraría a internet la noche en que saliera el DVD de los conciertos de P3 porque la conexión de mi casa era una basura y allí no podría verlo... Joder, valió la pena. Aunque mis recuerdos del juego no sean los mejores que tengo con la saga, el juego valía sus 30€ más que justificadamente.
Con el tiempo se convirtió en obra de culto carne de la especulación, y llegué a verlo de segunda mano triplicando su precio de salida oficial, pero nunca me planteé vender el mío. Paradójicamente en caso de necesidad podría vender mi Nocturne, mi Digital Devil Saga, hasta mi Persona 3, pero creo que no sería capaz de vender éste sólo por el cariño con el que recuerdo aquella época. En el fondo soy una romántica, porque más allá de mi poco aprecio al juego, cuando lo veo en la estantería solo pienso en todos aquellos meses de espera, la ilusión con la que lo esperé, los sacrificios que tuve que hacer para comprarlo... y sé que pese a todo no me equivoqué. No fue ni mucho menos malo, ¡para nada! Si pudiera retroceder en el tiempo iría a 2009, pero no a impedir que la Victoria de aquella época se comprase el juego... sino a ver su cara de felicidad cada vez que pensaba en él y contagiarme un poco de ese amor fangirl a Atlus que, aunque algo dolido y distorsionado, con rencores y reproches, creo que todavía sigue ahí.
Con el tiempo se convirtió en obra de culto carne de la especulación, y llegué a verlo de segunda mano triplicando su precio de salida oficial, pero nunca me planteé vender el mío. Paradójicamente en caso de necesidad podría vender mi Nocturne, mi Digital Devil Saga, hasta mi Persona 3, pero creo que no sería capaz de vender éste sólo por el cariño con el que recuerdo aquella época. En el fondo soy una romántica, porque más allá de mi poco aprecio al juego, cuando lo veo en la estantería solo pienso en todos aquellos meses de espera, la ilusión con la que lo esperé, los sacrificios que tuve que hacer para comprarlo... y sé que pese a todo no me equivoqué. No fue ni mucho menos malo, ¡para nada! Si pudiera retroceder en el tiempo iría a 2009, pero no a impedir que la Victoria de aquella época se comprase el juego... sino a ver su cara de felicidad cada vez que pensaba en él y contagiarme un poco de ese amor fangirl a Atlus que, aunque algo dolido y distorsionado, con rencores y reproches, creo que todavía sigue ahí.
¿Qué pasará con Persona 5? Ni yo misma lo sé, ni tengo claro qué quiero de él. No espero nada, supongo, porque Shin Megami Tensei IV fue para mí un desengaño tremendo: casi tanto como Persona 4, porque me compré una puta consola por él, y he acabado odiando dicha máquina: el hype es malo, no hay duda, y la culpa es mayormente mía. Con el paso de los años Atlus ha cambiado el target al que se dirige mayoritariamente, se ha hecho más popular, y yo a cambio me he vuelto terriblemente cínica, descreída y hasta catastrofista al respecto de cada nuevo lanzamiento en la compañía. Pero pese a mis quejas constantes los he comprado todos, toditos, todos, el día de lanzamiento y a su precio completo.
Pero eso ya no es posible. Atlus ha retrasado el juego una y otra vez: en septiembre lo hubiera comprado, en diciembre también, en febrero también. Hoy ya no, porque teniendo que elegir, he elegido NieR Automata, y aunque podría vender mi nueva Dreamcast para comprármelo... sé que esta vez sería un error y me arrepentiría. ¿Qué le vamos a hacer? Si Atlus saca su juego estrella casi el mismo mes en el que salen cosas tan tochísimas como ha sido este marzo (NieR, Atelier, la Switch...), yo tampoco puedo hacer nada por evitarlo y ya hice un ejercicio de fe inmenso comprándome SMT IV Apocalypse. De verdad que quiero Persona 5, pero con la cantidad de SMTs que tengo en la estantería e ignoro, lo veo un derroche innecesario pese a que sé que va a ser mejor que todos estos juegos juntos.
Me tomo esto como una especie de juicio, una apuesta no tanto con Atlus como conmigo misma: hoy lo apuesto todo por Persona 5, apuesto a que Atlus lo habrá hecho verdaderamente bien. Ya no lo miro con la mentalidad de no querer el mismo juego repintado porque para qué engañarnos: lo será, y eso me pone ciertamente triste. Simplemente quiero recuperar mi fe en Atlus como la recuperé con Catherine, volver a tener quince años mientras el disco esté dentro de la consola y olvidar el flujo del tiempo durante mi partida. ¿Lo conseguirán? No tengo ni idea... pero de verdad que quiero que así sea. Disfrutad del juego como se merece aquellos que lo tengáis, porque seguro que va a ser enorme. ¡La suerte está echada!
Pero eso ya no es posible. Atlus ha retrasado el juego una y otra vez: en septiembre lo hubiera comprado, en diciembre también, en febrero también. Hoy ya no, porque teniendo que elegir, he elegido NieR Automata, y aunque podría vender mi nueva Dreamcast para comprármelo... sé que esta vez sería un error y me arrepentiría. ¿Qué le vamos a hacer? Si Atlus saca su juego estrella casi el mismo mes en el que salen cosas tan tochísimas como ha sido este marzo (NieR, Atelier, la Switch...), yo tampoco puedo hacer nada por evitarlo y ya hice un ejercicio de fe inmenso comprándome SMT IV Apocalypse. De verdad que quiero Persona 5, pero con la cantidad de SMTs que tengo en la estantería e ignoro, lo veo un derroche innecesario pese a que sé que va a ser mejor que todos estos juegos juntos.
Me tomo esto como una especie de juicio, una apuesta no tanto con Atlus como conmigo misma: hoy lo apuesto todo por Persona 5, apuesto a que Atlus lo habrá hecho verdaderamente bien. Ya no lo miro con la mentalidad de no querer el mismo juego repintado porque para qué engañarnos: lo será, y eso me pone ciertamente triste. Simplemente quiero recuperar mi fe en Atlus como la recuperé con Catherine, volver a tener quince años mientras el disco esté dentro de la consola y olvidar el flujo del tiempo durante mi partida. ¿Lo conseguirán? No tengo ni idea... pero de verdad que quiero que así sea. Disfrutad del juego como se merece aquellos que lo tengáis, porque seguro que va a ser enorme. ¡La suerte está echada!
Viciando a... (IV): The Bouncer
La Playstation 2 siempre ha sido mi sobremesa favorita. Su catálogo variado y enorme hace que siempre me decante por ella, al encontrar en su librería buenos exponentes de casi cualquier género en buenas cantidades. Los Beat'em'ups 3D nunca han sido la estrella de la fiesta y siempre han fallado por un lado o por otro, pero cuando hace quince años me regalaron una Playstation 2, poco me importó. Quizá por la inocencia o por no saber lo que sé ahora disfruté más si cabe de uno de los juegos que, en su momento, fueron uno de los techos gráficos de la consola. Mi primera partida a una Playstation 2 fue jugando a The Bouncer y, pese a sus defectos, hasta el día de hoy sigue siendo uno de los juegos a los que más cariño les guardo.
La verdad es que The Bouncer no tiene nada especial cuando lo pienso objetivamente, pero al mismo tiempo tiene algo increíblemente entrañable que me hace volver a él al menos una vez al año, más allá de la pura nostalgia. No es un gran sacrificio considerando que se trata de un juego que dura menos de dos horas, pero en su época me lo pasé montones de veces, con todos los personajes subidos con sus estadísticas al máximo y un montón de desbloqueables. La locura aumentaba cuando conectábamos el multitap y nos metíamos cuatro amigos en el multijugador (que no era cooperativo, sino una especie de juego de luchas de todos contra todos), elevando mi contador de horas hasta números altos. Muy, muy altos, de hecho. Demasiados para un juego tan corto pero que, sin embargo, tenía mucho que ofrecerme.
Podría decir tranquilamente que me sé el juego prácticamente de memoria. Su historia en aquel entonces me pareció la bomba, quizá porque fue el primer juego con historia que probé y que me gustó pese a ello (a mis ocho añitos, me sobraban mucho y las ignoraba), pero ahora miro atrás y pienso que no hemos evolucionado mucho. Los tres personajes tenían una historia común, pero las escenas eran ligeramente diferentes según a quien manejaras, y en los momentos en que se separan ya eran mundos completamente diferentes. Recuerdo cuando las reacciones de Dominique cambiaban si la salvaba Sion, Kou, o Volt, pues tenía una relación diferente con cada uno de ellos. En sus pequeñas variaciones reside un toque mágico del que pocos pueden presumir.
Raras han sido las veces que Square Enix se ha dedicado a juegos que no sean JRPGs, y precisamente el terreno de los Beat'em'up en 3D es algo áspero y parece que nunca acaba de encontrar la fórmula perfecta. The Bouncer no fue la excepción, claro: unos gráficos increíbles (¡todavía hoy lo miras y alucinas!), pero una jugabilidad algo coja. La cámara no acababa de funcionar bien, la lentitud era palpable... The Bouncer no recibió grandes críticas nunca, y tampoco se las merecía. Pero lo amo irracionalmente y con locura.
| ...Aunque esta sea una de las fases más horripilantes que recuerde en videojuego alguno. |
Hay algo en él que me fascina. Quizá el momento en que me enamoró para siempre fue cuando me sentí HACKER al mirar los ordenadores de la malvada corporación Mikado, y en vez de entocharme en la cara la información relativa a la escena que tocaba, me dejaron absorber cada pequeño detalle de cada enemigo y robot del juego, como si se tratara de Deus Ex. O por aquellas pantallas de carga que nos explicaban la historia anterior al inicio del juego, aunque a veces pasaran tan rápido que era imposible leerlas. Porque no era simplemente un beat'em'up de mata-mata, sino que incluía situaciones surreales como aquella fase de escapar por las compuertas, la de encontrar la bomba en el tren, o mi favorita: una fase de Kou en la que podíamos disfrazarnos de ninja y seguirles el rollo a los enemigos, librándonos de todas las batallas de la fase si conseguíamos repetir los estupidísimos gestos que los enemigos usaban como contraseña, con nombres tales como "amistad sin parangón" "dama seductora"... y las posturitas descojonantes que acompañaban a estos saludos.
| Echidna, a la que llamábamos cariñosamente "la demonia" |
Hoy día, todavía juego a The Bouncer y todavía me sigue fascinando. Aquellas escenas chulísimas en las que el estilo cambiaba al blanco y negro para mostrarnos flashbacks, el enigmático pasado de Volt con Echidna, o el placer de explotar tanto el juego que incluso se podían desbloquear a Lynn y al maestro de Sion, dos personajes apenas aparecen directamente en la historia pero que están ahí para que los encuentre el ávido fan que se ve recompensado por todas las horas invertidas. Por no hablar de los cambios del jefe final (¡horribles! ¿Por qué era tan difícil?) cada vez que hacemos una nueva partida, desarrollando un patrón nuevo cada vez.
| El diseño de Volt era tan llamativo que en mi casa The Bouncer pasó a llamarse "el juego del rubio" o "el juego del de los cuernos". |
Recuerdo jugar obsesivamente, comprar todas las técnicas, y subirlas todas al máximo. ¿Qué es lo que hizo grande a The Bouncer? Quizá su historia, quizá sus gráficos. Quizá para muchos los diseños a lo Final Fantasy fueran su principal reclamo, aunque a mí de hecho me repelía mucho la saga por aquel entonces. Quizá era el hecho de poder comprar técnicas y usarlas siempre, o aquel multijugador LOCO con más escenarios que algunos juegos de lucha, o su modo survival tan cabrón. Lo que siempre tuve claro es que yo siempre quise una secuela que no llegó nunca, posiblemente por su fría acogida.
| Ay el modo supervivencia, cuantas horas perdidas en él... |
Pese al hype con el que se anunciaba en la época, al final para la mayoría pasó sin pena ni gloria. Pero The Bouncer fue uno de los juegos que más marcaron mi infancia, y uno que revisito periódicamente y todavía a día de hoy consigue sorprenderme. Su despliegue técnico es increíble y su historia, sin ser una maravilla, es mucho mejor que la de otros juegos más presuntamente serios que no nos pillan tan lejos en el tiempo. Su manual era (y sigue siendo) una puta pasada, repleto de información y detalles del juego, y el control... demonios, no es ni de lejos lo malo que lo pintan. ¿Alguien más se atreve a ponerse con él? A mí, mientras escribía esto me ha quedado una cosa muy clara: esta noche volveré a pasármelo... Porque siempre disfruto como una enana cada vez que revivo las aventuras de Sion Barzhad, Kou Leifoh, y Volt Krueger.
Viciando a... (III): Metal Gear Solid: Peace Walker
Mañana sale The Phantom Pain. De hecho, HOY sale The Phantom Pain, porque es el momento en el que se publicará esta entrada (la inspiración llega sin avisar y ya son las 2 de la mañana, así que técnicamente...). Supongo que algunos ya lo estaréis jugando, otros lo compraréis de salida, otros esperaréis a que baje de precio como personas sensatas, y muchos de vosotros simplemente lo ignoraréis porque no os irá este rollo. Yo no podré jugarlo hasta el día 7. Ya expliqué como entré en esta saga, pero mi primera vez con Peace Walker es algo que no voy a olvidar nunca porque, a su vez, fue mi inicio con la PSP, aunque hacía casi dos años que la tenía. En un día tan especial como hoy, quizá toca rendir homenaje a uno de los mejores juegos de esa gran portátil.
| Qué bonitas llevaba yo las uñas en el 2010. |
¿Gran consola PSP? La verdad es que, la primera vez que la probé, flipé. Mi primer juego fue Top Spin en una consola que llegó a mis manos prestada, y que junto con el estupendísimo Luxor, me robó el corazón. Es decir, jugar a Top Spin en una portátil de forma idéntica que en PS2, ¡ESO ES INCREÍBLE! Aluciné en colores con ella, además de los emuladores que traía y que me dejaron flipando al poder jugar por fin al Medarot Navi en una consola portátil. Y ese mismo año (allá por las navidades de 2008) me la regalaron. En teoría venía pirateada, pero en aquella época mi PSP 2000 se tenía que abrir con un custom firmware no permanente llamado ChickHeN que era horripilante porque funcionaba una de cada cincuenta veces, aproximadamente (la estadística es bastante realista, dado que un día me puse a contarlas y a los 40 intentos me rendí y a poco no lancé la consola por la ventana). Mi PSP no iba igual de bien que la que me habían prestado, que era una PSP-1000 pirateada con aquello de las baterías pandora (ahora me parece algo prehistórico, pero en 2008 eso era lo más), y el único juego que tenía era el de Wall-E, que venía con la consola, y que no tardé más de diez minutos en apagar.
Mi PSP se moría de asco, porque no me compré ningún juego y no me regalaron tampoco ninguno. Mientras que la DS lloraba en la mesita de noche por su explotación suprema y por el maltrato que sufría cada día al caerse al suelo cuando yo me quedaba dormida jugando, la PSP cultivaba más y más polvo, y hasta fue guardada en su caja para fingir que ese error de desearla no había ocurrido nunca. Pero un buen día ocurrió lo inaudito, lo sorprendente, lo surreal: se anunció Metal Gear Solid: Peace Walker, en exclusiva para PSP. ¡Un juego de PSP! ¡Un Metal Gear! Y tenía pintaza a juegazo, la madre que lo parió, ¡si había bazookas, robots gigantes, infiltración, radio, era portátil, y hasta tenía misiones de Monster Hunter! Nunca me gustó Monster Hunter pero qué cojones, nada podía salir mal. Así que por segunda vez en mi vida (la primera fue con Persona 4; una historia que explicaré otro día porque da para crónica de la desesperación), me decidí a comprar un juego de salida.
Lo seguí desde que se anunció. Me tragué cada tráiler, cada pequeña información que salía, me comí el hilo completo de Peace Walker en EOL, y sufrí inmensamente por el (pequeño) retraso que había con japón. Apunté el día en mi agenda, y di tanto la tabarra en clase con el puto Peace Walker de los cojones (aún no tenía un twitter o un blog para desatar mi lado fangirl), que cuando me enteré de que en GAME me lo daban un día antes y lo tuve en la mano, mi mejor amigo me obligó a ir a su casa para ver qué tenia el Metal Gear ese que molaba tanto. El pobre chico nunca estuvo interesado en los videojuegos, pero como iba yo contando los días hasta PW desde hacía meses, supongo que querría saber qué había dentro de la caja, y fuimos a su casa para que pudiera ver lo guapo que salía Big Boss en la portada. Mirando fotos viejas de archivo de fotolog, he recuperado una de las fotos originales de aquel día, la que encabeza la entrada, y vaya recuerdos. Conseguí mi Metal Gear Solid: Peace Walker el 17 de junio de 2010, un día antes de su fecha de salida oficial y el mismo día que terminé las clases. Ya os podéis imaginar lo que ocurrió...
| PORTÁTIL |
Vivía en la conchinchina y en verano no lo tenía tan fácil para llegar a la civilización en coche, así que me dediqué a jugar a Peace Walker, el Metal Gear Solid 5 (que no V) según Kojima, y que no llevaba el numerito porque era un juego portátil. Iba a explicarnos los orígenes de Big Boss, tendría una historia cuidadísima, sería importantísimo dentro de la saga, revolucionaría su jugabilidad, y además tenía una escena tan chunga y controvertida que en Japón había sido censurada (a día de hoy aún no sé a qué escena se refería). Cuando lo probé, me sentí un poco dividida: todas esas promesas eran falsas. La historia era una broma, era innecesaria, no añadía nada nuevo, metía maquinaria modernísima en los años 70 (luego TPP lo ha llevado al límite), y el control no era una patata pero sí que era rarísimo.
| JUEGO PORTÁTIL, FLI-PA. |
Pero también me encontré con un juego larguísimo, divertido, con varias formas de resolver las misiones, con el manejo de Mother Base entre misiones, con las cintas de video, y dividido en misiones que realmente le daban el carácter de un juego portátil y que lo distinguía de sus hermanos mayores. Muchísimas armas, muchísimas cosas desbloqueables, el bendito fulton, y una fiebre inmensa por hacerme absolutamente todas las misiones con el mejor tiempo y ránking posible. Al principio no entendía una mierda de cómo se controlaba aquello, pero acabé haciéndome a la idea tras las primeras horas.
| Lo que me llegué a reír en momentos así. |
La historia de PW me pareció una cagada monumental, una broma que llegó demasiado lejos en medio de una borrachera. Pero todo lo demás era tan divertido y disfrutable que me dio absolutamente igual durante las tres intensísimas semanas que lo jugué, en las que le eché al juego la friolera de ochenta horas. OCHENTA HORAS. No hace falta decir que jugué sola en mi ermita de las montañas (porque tampoco tenía internet para jugar con gente, aquello era una desgracia), y que de haber tenido con quien comparar puntuaciones o hacer misiones en compañía, le hubiera echado el doble... pero todo tenía que acabarse, supongo. Llegó un punto en el que tenía los mejores soldados posibles en Mother Base robados de las WiFi de mis vecinos (eran la motivación para salir de paseo y jugar menos horas a Peace Walker), las mejores armas, me pasaba todas las misiones usando un plátano en vez de una pistola, y lanzaba fultons con mi bazooka. Todo S's, todo tiempos bajísimos... y abandoné al fin.
Ochenta horas. ¿A cuántos Metal Gears he jugado tanto? ¿A cuántos juegos he jugado tanto? ¿Y en PSP? Quizá el único Metal Gear que se le pueda acercar es Snake Eater, pero aún así, creo que ni de lejos. Porque el año pasado me compré el Ground Zeroes por traer el port HD de Peace Walker, y lo volví a gozar. Esta vez solo jugué veinte horas, pero todas ellas en cooperativo, y me pareció igual de divertido. El mes pasado incluso volví a echar unas partidas en buena compañía, y sigo pensando que esto es genial.
| Luego decís que la PS3 no mueve TPP, pero mirad lo que hace una PSP. |
No es mi Metal Gear favorito, aunque podría serlo perfectamente, y sin duda es uno de mis juegos favoritos de PSP. Creo que Snake Eater siempre tendrá el primer puesto en mi corazón, y me resultaría difícil poner como número uno un juego tan centrado en pura jugabilidad cuando la saga es más bien una película tras otra y lo que más engrandecemos es su historia, pero Peace Walker fue para mí el juego que me hizo descubrir el poderío de mi (ahora muy querida) PSP, condenada al ostracismo durante años.
| Realmente lo elijo porque PW tenía el Fulton, pero Snake Eater tenía CABEZAS DE COCODRILO. |
Hoy, me compro por tercera vez un Metal Gear de salida: The Phantom Pain. No sé si cumplirá todo lo que promete: tengo la sensación de que el juego no va a ser ni la mitad de impactante de lo que nos lo pintan los tráilers. Pero si los gameplays son como los que se han visto, usando el fulton hasta en las putas cabras y poniendo muñecos hinchables que imiten a Snake, creo que puedo descansar tranquila y esperar que, después de todo, habrá valido la pena la inversión. Aunque yo ya no sea la misma chica ociosa que vivía en medio de la nada, con ganas de estrenar su consola en un verano aburrido y con cosas más importantes que jugar a toda hora, quiero creer que la magia sigue ahí, intacta, aunque nunca alcance las ochenta horas de juego; y mucho menos las cien. Solo el tiempo lo dirá.
Viciando a... (II): Metal Gear Solid 3
El otro día salió Metal Gear Solid V: Ground Zeroes que, sí: ya me he pasado. Hablaremos de mis opiniones otro día, pero está claro que hoy día Metal Gear Solid me encanta. No obstante, no siempre fue así... Vengo hoy reciclando una entrada que escribí hará cosa de un año, y que hoy modifico un poco, pero que me viene que ni pintada. Vamos a hablar de ésta saga en general, pero concretamente del grandioso Metal Gear Solid 3... ¡¡SNAKE EEEEATER!! (Y si sois verdaderos fans, eso último lo habéis leído como la canción), uno de mis videojuegos favoritos de todos los tiempos. AVISO: Ésta entrada contiene algunos spoilers de MGS3.
Hace mucho tiempo, cuando yo iba a primaria, tenía una compañera de clase cuyo videojuego favorito era el archiconocido primer Metal Gear Solid de PSX. Lo trajo a mi casa, pero yo lo aborrecí rápidamente: tanta historia, tanto códec, tanta película. Yo sólo quería matar-matar-matar. En aquel entonces iba casi cada semana a rastras al cine con mis padres: ya tenía suficiente con todo lo que me obligaban a ver como para ver también una película en mi tiempo libre y por voluntad propia, así que no jugué más de media hora antes de dejarlo para siempre. Con el MGS2 la pobre chica tuvo resultados aún peores: por más que me suplicó que le diera una oportunidad, lo dejé si cabe antes que el primero. Para juegos de infiltración yo ya tenía el Splinter Cell, leches, que jugabas diez veces más y tenías LA GANZÚA. El puto mejor invento que ha tenido un videojuego de infiltración después del Octocamo.
Años después yo me fui a vivir a otra ciudad y ya había perdido todo contacto con ella; pero cuando vi en un videoclub el recién salido Metal Gear Solid 3, sentí por alguna razón el deber moral de alquilarlo. Lo pirateé vilmente para devolverlo enseguida, porque sabía que me iba a llevar mucho tiempo terminarlo, y el dichoso Verbatim estuvo cosechando polvo durante años, porque estuvo en la consola lo justo para ver que funcionaba. Hacia 2007, un sábado por la mañana me aburría de mala manera, y entre los juegos que tenía, se me ocurrió probar aquel Metal Gear que había alquilado hacía tanto en un ataque de nostalgia: a las dos horas, me estaba maldiciendo por no haberme puesto antes.
La aventura de Snake me enganchó de principio a fin. Encontré divertidísimos los códecs (muy variados y con muchas curiosidades), descubrí que me lo pasaba genial jugando con un juego de infiltración que no fuera Splinter Cell (otro día hablamos de ésta saga a la que amo con el ímpetu del viento) pese a que se me diera fatal porque la jungla era enorme, y me flipé lo suyo con los uniformes y las pinturas de camuflaje. Disfruté de las escenas de vídeo como no había disfrutado de una historia en mucho tiempo, y me enganché muchísimo al juego en general, aunque el principal incentivo fuera su trama. Como avanzaba muy despacio pese a jugar en el modo más fácil, cada día al volver a casa me ponía a jugar un par de horas y me tuvo jugando a la Playstation de forma muy asidua durante la semana que debí de tardar en terminarlo.
Creo que el combate contra The End es mi jefe favorito de todos los tiempos. No se me hizo para nada pesado: me dejó con ganas de más, y me lo pasé tan bien que me supo mal que no hubieran más partes así en el juego. Una tarde entera buscando su rastro, las pistas que me podían llevar a él, usando el micrófono direccional, y tratando de sobrevivir. Pero eso no es todo: en partidas posteriores vi que habían varias formas de zanjar el combate, sin tener que alargarlo durante horas, o convertirlo en una batalla mucho más rápida y agresiva. ¡Pura genialidad! Porque ésa es otra: en el juego había que cazar para mantener la barra de vida alta, y la fauna no es precisamente escasa. Cada vez que cazaba algo llamaba a Para-Medic para que me explicara cosas al respecto, y me lo pasaba en grande buscando nuevos tipos de comida (soy una fan del Último Superviviente, y éste juego era como una fiel recreación). Me comí hasta a los cocodrilos, y algunos alimentos me jugaron malas pasadas... Sin dejar de lado a tus propios compañeros y la coña tremenda que se puede montar en el códec si encuentras una seta lumnisciente.
Por supuesto, cuando me tocó disfrazarme hice el gilipollas durante al menos un par de horas a ver qué curiosidades podía hacer (como toda persona que juega, creo). Me maravilló descubrir las miles de chorradas que te permitían. Un entorno bastante abierto que, sí, está siempre conducido por una historia. ¿Pero y las mil maneras de avanzar por un escenario? Llamar la atención de un guardia con una revista, tenderles una trampa y destruir su cuartel... esperar a que salgan a por comida y, cómo no, cazarlos como conejos cuando menos se lo esperen. Colocar minas antipersona. Interrogarlos y descubrir los secretos del juego... Proceder con sigilo sin que nadie te detecte si quiera, o liarte a tiros mientras llevas a un rehén a cuestas. Por no hablar de la emocionante pantalla en la que has de huir por un cuartel lleno de soldados usando únicamente una caja.
Luego está la historia, claro, aunque prefiero no detenerme mucho aquí. Algunas fumadas tremendas, como ése señor de las avispas o el escuadrón cobra en general, que al morir gritan su propio nombre y explotan. ¿Perdón? Yo no entendía nada, pero todo me daba igual. Me lo pasé en grande con la historia, con las intrigas de personajes, con la genial espía EVA, o el gran carisma de The Boss. No todo era drama, y el juego derrocahaba también un genial sentido del humor que te hacía encariñarte más si cabe con los personajes, lo cual personalmente es un grandísimo punto a favor. ¿Y la ambientación en sí, situándose durante la guerra fría? Al final me metí en la historia como si fuera el mejor de los libros, y con el final lloré tantísimo que durante los créditos me tuve que ir a lavarme la cara porque no veía nada. Así, sí.
Por supuesto, cuando me tocó disfrazarme hice el gilipollas durante al menos un par de horas a ver qué curiosidades podía hacer (como toda persona que juega, creo). Me maravilló descubrir las miles de chorradas que te permitían. Un entorno bastante abierto que, sí, está siempre conducido por una historia. ¿Pero y las mil maneras de avanzar por un escenario? Llamar la atención de un guardia con una revista, tenderles una trampa y destruir su cuartel... esperar a que salgan a por comida y, cómo no, cazarlos como conejos cuando menos se lo esperen. Colocar minas antipersona. Interrogarlos y descubrir los secretos del juego... Proceder con sigilo sin que nadie te detecte si quiera, o liarte a tiros mientras llevas a un rehén a cuestas. Por no hablar de la emocionante pantalla en la que has de huir por un cuartel lleno de soldados usando únicamente una caja.
Luego está la historia, claro, aunque prefiero no detenerme mucho aquí. Algunas fumadas tremendas, como ése señor de las avispas o el escuadrón cobra en general, que al morir gritan su propio nombre y explotan. ¿Perdón? Yo no entendía nada, pero todo me daba igual. Me lo pasé en grande con la historia, con las intrigas de personajes, con la genial espía EVA, o el gran carisma de The Boss. No todo era drama, y el juego derrocahaba también un genial sentido del humor que te hacía encariñarte más si cabe con los personajes, lo cual personalmente es un grandísimo punto a favor. ¿Y la ambientación en sí, situándose durante la guerra fría? Al final me metí en la historia como si fuera el mejor de los libros, y con el final lloré tantísimo que durante los créditos me tuve que ir a lavarme la cara porque no veía nada. Así, sí.
| Fumadas más gordas hemos visto en ésta saga |
| Visito demasiado Tumblr. |
A veces, me acuerdo de mi amiga de primaria. ¿Todavía le gustará Metal Gear? ¿Amará la tercera entrega más, si cabe, que las otras dos? ¿También está enamorada de Big Boss? ¿O dejó los videojuegos? Dudo que nunca llegue a saberlo, pero desde aquí sólo puedo decir que muchas gracias por descubrirme ésta genial saga, aunque al principio tropezáramos un poco. MGS3 siempre será uno de mis juegos favoritos.
ACTUALIZACIÓN (19/01/2016): lo que es el destino. Hoy he acabado hablando con esa chica tras más de diez años sin contacto alguno, y ha salido el tema. ¡Todavía le gusta Metal Gear! Ahhh, qué recuerdos...
Viciando a... (I) .hack//G.U.
No os penséis que por tener un blog de videojuegos juego a menudo a la consola; ni os creáis que lo hacía pero ya no a causa de la universidad y demás obligaciones. Con las portátiles puede porque antes de irme a dormir suelo jugar un rato; pero con las consolas de sobremesa siempre me ha dado mucho palo. Es mirar la tele y darme alergia; el hecho de que encima ahora utilice una tele de tubo con una pantalla diminuta colgada de la pared a un par de metros del suelo en un lugar incomodísimo de mirar, también puede tener que ver (porque yo antes tenía una pantalla plana de 32" chulísima a medio metro de mi sillón, con unos altavozacos que te cagas).
Izquierda: ex-pantalla sexy. Ahí tenía mi PC también. BABAS.
Derecha: Trasto difícil de mirar que uso actualmente. MIS HOJOS.
Por regla general no tengo ningún rato concreto para jugar, así que acabo no haciéndolo y simplemente una vez al mes o así me da por jugar una tarde o desempolvar viejas glorias, para olvidarlas tras un par de horas y esperar otro mes más, o hasta cuando sea que me dé por ahí.
Sin embargo, a veces la magia ocurre. Enciendo la consola una mañana en que no tengo nada mejor que hacer (entre semana no suelo jugar), y cuando me doy cuenta ya es la hora de comer. Y luego sigo, y me doy cuenta de que es la hora de cenar... Y sigo, y mi madre me dice que como es la una se va a dormir. En ese momento exclamo: ¡WTF! ¿¡He perdido un día entero jugando!? Guardo la partida como puedo y dejo la consola porque de noche molesto con el ruido; que sino, aunque me duelan los ojos, seguía jugando. Y es que hay juegos que por un motivo u otro te enganchan. Hoy hablaré de uno de ellos, posiblemente el ejemplo más extremo y evidente... Pero quizá en el futuro haya más entradas así, fruto de la nostalgia; de ahí lo de Vol.1. El título elegido ya ha tenido su análisis en este blog. Me refiero a...
Éste es posiblemente el juego al que más me he viciado en toda mi vida; no por la cantidad de horas echadas en total, sino por el poco tiempo que tardé en hacerlas. Yo había jugado a la tetralogía original, que me gusta, pero los combates son bastante cansinos y se hacen muy repetitivos. Encima había visto el anime de .hack//roots, prólogo de éste juego... un anime bastante soso al que sólo salvo por su OST (y porque me encanta Ali Project, que sino nanai). Para colmo ésta trilogía está en inglés; en contraste a los otros cuatro que llegaron en español. Y en todos lados leí de un montón de fans de .hack que la historia era mierdosa en comparación a los otros cuatro (no sé qué fumaron para decir esto, pero en fin).
La sorpresa vino cuando me puse con él: enchufé el juego un sábado como cualquier otro y el lunes ya había terminado el Volumen 1, Rebirth. Es verdad que no dura mucho más de 20 horas, pero en dos días... ¡¡Qué historia!! ¡¡Qué personajes!! ¿Por qué roots no se había parecido más a esto? Pero lo importante, sobretodo, era que mejoraba tantísimo a los cuatro juegos originales que compararlos sería absurdo; pues G.U. gana en todos los campos (quizá pierda un poco en historia; pero no por mucha diferencia... y lo digo con un recuerdo de los primeros muy distorsionado por la nostalgia). La jugabilidad se me hizo absurdamente adictiva (especialmente con la Guadaña); muchas armas por coleccionar, muchísimos personajes para conseguir en tu equipo (y lo mejor: ¡elegir quiénes!); Haseo podía cambiar de job en pleno ataque, había montones de mazmorras customizables con las tres palabras de turno, un montón de cosas por conseguir... Disfruté como una enana. ¡¡Y lo mejor es que tenía dos secuelas!!
Más o menos, hay EL DOBLE de personajes jugables.
Cuando miré el marcador de horas tras el primer día, vi que habían sido nada menos que 16, lo recuerdo claramente porque me impactó mucho y me sentí totalmente frikaza. Claro, hay que descontarle dos o tres horas que no apagué la consola pero que tampoco estuve jugando. Aún así, 12-14 horas es una burrada, sobretodo porque yo NO estaba de vacaciones. Pero el domingo terminé el juego echándole 6-8 horas más (que siguen siendo muchas) y mis impresiones fueron algo así:
- ¡¡¡NO ME DEJES ASÍ!!! (No recuerdo dónde termina exactamente el Volumen 1, pero te deja justo en el momento culminante de toda la acción). En el Volumen 2 el efecto fue mucho peor y me estuve comiendo las uñas durante muuuucho tiempo... Ése final lo recuerdo muy claramente.
- Me he enamorado. De verdad.
- ¿¡POR QUÉ NO HAN LLEGADO A EUROPA?! JODERJODERJODER.
Al cabo de unos días Neko me preguntó si había probado ya el juego, a lo que contesté alegremente que sin darme cuenta el sábado me había pasado jugando dieciséis horas seguidas. Desde entonces, seguro que su concepto de mí es: "Sí, rokuso3, mi amiga ésa; la viciada que se pega al mando y tarda 16 horas en soltarlo aunque tenga clase al día siguiente". Supongo que me lo he ganado a pulso, y si sigo con ésta sección veréis otras burradas similares. Porque si me vicio ME VICIO; y sino juego a la consola dos horas al mes. Soy... muy extrema.
Al cabo de unos días Neko me preguntó si había probado ya el juego, a lo que contesté alegremente que sin darme cuenta el sábado me había pasado jugando dieciséis horas seguidas. Desde entonces, seguro que su concepto de mí es: "Sí, rokuso3, mi amiga ésa; la viciada que se pega al mando y tarda 16 horas en soltarlo aunque tenga clase al día siguiente". Supongo que me lo he ganado a pulso, y si sigo con ésta sección veréis otras burradas similares. Porque si me vicio ME VICIO; y sino juego a la consola dos horas al mes. Soy... muy extrema.
Pero si pensáis que el efecto fue menor con sus dos secuelas, lo lleváis claro. El Episodio 2, Reminisce, me tuvo también como catorce horas seguidas y volví a terminarlo casi-casi en un fin de semana, por lo que tocó esperar un año a que saliera el tercero (que se me hizo eterno) y estuve esperándolo con muchísimas ansias acumuladas. La historia del Episodio 3 (Redemption) era también muy interesante; pero tardé un poco más en acabarlo, racionándolo como podía: sabía que no habría secuela, que ése era el final... Tras acabarlo, me puse un poco triste al ver que aquella historia había llegado a su fin, pero seguí con mi partida y vi que aún quedaban muchas cosas: el evento de la boda (evento que justifica pasarse los tres juegos por lo AWESOME que es), áreas por desbloquear, una mazmorra nueva... Como buena adicta completé el Forest of Pain; la mazmorra extra difícil de 100 pisos (y a partir del 50 ya no puedes guardar), para conseguir al único personaje que me faltaba y que no se te unía por la historia; además de un montón de objetos poderosísimos que ya no servían para nada al nivel que yo estaba. También obtuve los mejores récords en todos los minijuegos, conseguí que todos los personajes se enamorasen de mí para ver sus eventos de boda (¡Endrance, qué grande!), seguí mejorando mi moto, fusioné las armas más raras... Todo chorradas que no sirven para nada, pero lo bien que me lo pasé haciéndolo no me lo quita nadie.
Después de eso, dejé aparcado el juego tras llegar a las 110 horas entre los tres volúmenes (pero especialmente el último). Yo hubiera seguido 50 horas más seguro, pero mi pantalla chupiguay se rompió, y en esa tele de tubo no me iban los juegos NTSC hasta hace bien poco, cuando ya había ido dejandolo de lado. Y sí, un día con el ansia me marqué un par de horas jugando en blanco y negro; pero no era lo mismo.
Tras escribir esto, me han entrado unas ganas locas de volver con él: subirme a mi moto, patear Chim Chims, conseguir los wallpapers que me faltaban, probar el minijuego de cartas que nunca me molesté en intentar, y sobretodo volver a ver a Haseo y cia. Pero tampoco quiero que me deje sin vida, porque yo con éste juego estoy peor que los adictos al WoW. Ya que nunca llegó a Europa, me encantaría que saliera una HD Collection con los tres volúmenes; para facilitar su compra en un solo desembolso... Los gráficos tan coloridos quedarían genial, y las escenas con vídeos prerenderizados pasarían por juego de PS3 sin ningún problema. Sería la primera que lo compraría, con una gran sonrisa. Y es que en este 2012 se cumple el décimo aniversario de .hack y lo único que han sacado es una película random en un pack con un juego de lucha: el Naruto de turno con skins de .hack//, y casi todos personajes de animes y OVAs que ni he visto... No me malinterpretéis: me encantaría patear culos con Haseo de nuevo (por suerte sale en el juego), pero seguro que eso no va a salir de Japón y una HD Collection es mucho más probable de ver por aquí, sabiendo que los siete juegos tienen traducción.
.hack//G.U. es mi Action RPG favorito de PS2 sin ninguna duda, y un grandísimo juego. Todo el tiempo que invertí en él (e hubiera seguido haciéndolo de no ser por el problema comentado), todas las horas que pasé junto a Haseo, Atoli, Kuhn, Pi..., lo mucho que sufrí en algunos momentos de la historia, lo grandiosos que me parecieron algunos reencuentros en los que me emocioné tanto o más que los protagonistas, cuantísimo odié a algunos personajes y cuánto quise a otros...
Fue difícil aceptar que la aventura debía llegar a su fin, pero ahora puedo mirar atrás y recordarlo con muchísimo cariño: siempre con ganas de volver a él, guardando un bonito recuerdo. Con G.U. me volví a sentir como cuando era una cría que exprimía los juegos al máximo y no necesitaba más que su Pokémon Oro y su Game Boy Color para ser la más feliz del mundo. Gracias, CyberConnect2.
Obsesiones varias
Jugando:
Kentucky Route Zero
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