Ya que no tengo nada para publicar esta semana y voy a estar algo alejada del PC por unos días, así que me he decidido a volver con otra entrega de las OSTs para recordar, por tal de hablar de algunos juegos que me gustaron o que, simplemente, tienen temas increíbles. Ya sabéis, ¡ambos tienen cabida!

Donkey Kong Country Returns - Rocket Barrel



Ahh, este Donkey Kong... ¡qué grande que es! Pese a que el control no es precisamente santo de mi devoción, DKCR consigue el mejor retorno posible y por todo lo alto para una gran estrella de Nintendo que, aunque había visto muchos juegos desde la etapa de SNES, ninguno alcanzó la fama de los anteriores. Aquí Retro Studio se coronó con unos niveles perfectos, variados, mundos increíbles, gráficos bestiales, y un cariño infinito respetando y mejorando la idea de los originales. La música, cómo no: la de los niveles de cohetes. Cierto es que hay música mejor en este juego, pero estos niveles son mi debilidad.



Gods will be watching: The final chapter - Temptation



Un tema maravilloso que está dentro del DLC (gratuíto, ¡antes de echarse las manos a la cabeza!) del grandioso Gods will be watching, al que ya le dediqué un análisis lleno de amor. La gracia de este tema es oír el disco completo y como la música va evolucionando (más que varios temas es uno solo con cambios, acordes e instrumentos nuevos), el cómo se va adaptando a las dificultades y dilemas que irán pasando los protagonistas mientras suben por la larguísima montaña, y como hace que tú como jugador te vayas creciendo e implicando cada vez más a través del tema principal, pero como solo podía colocar uno, me quedé con mi fragmento favorito. El DLC buenísimo, y si la banda sonora del juego base ya es increíble, en este episodio se convierte en la principal protagonsita.


Jet Set Radio - Humming the bassline


¿Qué decir de Jet Set Radio? Estuve jugándolo hace unos meses y, pese a que su principio no me gustó (¡TUTORIALES! y los "¡Cópiame!"), el maltrago inicial se pasa rápido cuando un juego es tan chulo a nivel artístico y sonoro, con ese buenrollismo general que nunca deja de desprender. Pintar carteles, trenes, edificios y hasta personas, ¿qué podría fallar? La dificultad se empieza a disparar cuantos más nos acercamos del final del juego (ahí me quedé, a tres o cuatro fases de terminarlo...), las carreras (¡las odio!) son cada vez más comunes, por lo que al final acabé abandonándolo pese a que estaba disfrutando mucho y que pese a todo, oyendo ahora el tema del menú para elegir las misiones, me evoca muy buenos recuerdos.
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