Viciando a... (IV): The Bouncer
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La Playstation 2 siempre ha sido mi sobremesa favorita. Su catálogo variado y enorme hace que siempre me decante por ella, al encontrar en su librería buenos exponentes de casi cualquier género en buenas cantidades. Los Beat'em'ups 3D nunca han sido la estrella de la fiesta y siempre han fallado por un lado o por otro, pero cuando hace quince años me regalaron una Playstation 2, poco me importó. Quizá por la inocencia o por no saber lo que sé ahora disfruté más si cabe de uno de los juegos que, en su momento, fueron uno de los techos gráficos de la consola. Mi primera partida a una Playstation 2 fue jugando a The Bouncer y, pese a sus defectos, hasta el día de hoy sigue siendo uno de los juegos a los que más cariño les guardo.
La verdad es que The Bouncer no tiene nada especial cuando lo pienso objetivamente, pero al mismo tiempo tiene algo increíblemente entrañable que me hace volver a él al menos una vez al año, más allá de la pura nostalgia. No es un gran sacrificio considerando que se trata de un juego que dura menos de dos horas, pero en su época me lo pasé montones de veces, con todos los personajes subidos con sus estadísticas al máximo y un montón de desbloqueables. La locura aumentaba cuando conectábamos el multitap y nos metíamos cuatro amigos en el multijugador (que no era cooperativo, sino una especie de juego de luchas de todos contra todos), elevando mi contador de horas hasta números altos. Muy, muy altos, de hecho. Demasiados para un juego tan corto pero que, sin embargo, tenía mucho que ofrecerme.
Podría decir tranquilamente que me sé el juego prácticamente de memoria. Su historia en aquel entonces me pareció la bomba, quizá porque fue el primer juego con historia que probé y que me gustó pese a ello (a mis ocho añitos, me sobraban mucho y las ignoraba), pero ahora miro atrás y pienso que no hemos evolucionado mucho. Los tres personajes tenían una historia común, pero las escenas eran ligeramente diferentes según a quien manejaras, y en los momentos en que se separan ya eran mundos completamente diferentes. Recuerdo cuando las reacciones de Dominique cambiaban si la salvaba Sion, Kou, o Volt, pues tenía una relación diferente con cada uno de ellos. En sus pequeñas variaciones reside un toque mágico del que pocos pueden presumir.
Raras han sido las veces que Square Enix se ha dedicado a juegos que no sean JRPGs, y precisamente el terreno de los Beat'em'up en 3D es algo áspero y parece que nunca acaba de encontrar la fórmula perfecta. The Bouncer no fue la excepción, claro: unos gráficos increíbles (¡todavía hoy lo miras y alucinas!), pero una jugabilidad algo coja. La cámara no acababa de funcionar bien, la lentitud era palpable... The Bouncer no recibió grandes críticas nunca, y tampoco se las merecía. Pero lo amo irracionalmente y con locura.
| ...Aunque esta sea una de las fases más horripilantes que recuerde en videojuego alguno. |
Hay algo en él que me fascina. Quizá el momento en que me enamoró para siempre fue cuando me sentí HACKER al mirar los ordenadores de la malvada corporación Mikado, y en vez de entocharme en la cara la información relativa a la escena que tocaba, me dejaron absorber cada pequeño detalle de cada enemigo y robot del juego, como si se tratara de Deus Ex. O por aquellas pantallas de carga que nos explicaban la historia anterior al inicio del juego, aunque a veces pasaran tan rápido que era imposible leerlas. Porque no era simplemente un beat'em'up de mata-mata, sino que incluía situaciones surreales como aquella fase de escapar por las compuertas, la de encontrar la bomba en el tren, o mi favorita: una fase de Kou en la que podíamos disfrazarnos de ninja y seguirles el rollo a los enemigos, librándonos de todas las batallas de la fase si conseguíamos repetir los estupidísimos gestos que los enemigos usaban como contraseña, con nombres tales como "amistad sin parangón" "dama seductora"... y las posturitas descojonantes que acompañaban a estos saludos.
| Echidna, a la que llamábamos cariñosamente "la demonia" |
Hoy día, todavía juego a The Bouncer y todavía me sigue fascinando. Aquellas escenas chulísimas en las que el estilo cambiaba al blanco y negro para mostrarnos flashbacks, el enigmático pasado de Volt con Echidna, o el placer de explotar tanto el juego que incluso se podían desbloquear a Lynn y al maestro de Sion, dos personajes apenas aparecen directamente en la historia pero que están ahí para que los encuentre el ávido fan que se ve recompensado por todas las horas invertidas. Por no hablar de los cambios del jefe final (¡horribles! ¿Por qué era tan difícil?) cada vez que hacemos una nueva partida, desarrollando un patrón nuevo cada vez.
| El diseño de Volt era tan llamativo que en mi casa The Bouncer pasó a llamarse "el juego del rubio" o "el juego del de los cuernos". |
Recuerdo jugar obsesivamente, comprar todas las técnicas, y subirlas todas al máximo. ¿Qué es lo que hizo grande a The Bouncer? Quizá su historia, quizá sus gráficos. Quizá para muchos los diseños a lo Final Fantasy fueran su principal reclamo, aunque a mí de hecho me repelía mucho la saga por aquel entonces. Quizá era el hecho de poder comprar técnicas y usarlas siempre, o aquel multijugador LOCO con más escenarios que algunos juegos de lucha, o su modo survival tan cabrón. Lo que siempre tuve claro es que yo siempre quise una secuela que no llegó nunca, posiblemente por su fría acogida.
| Ay el modo supervivencia, cuantas horas perdidas en él... |
Pese al hype con el que se anunciaba en la época, al final para la mayoría pasó sin pena ni gloria. Pero The Bouncer fue uno de los juegos que más marcaron mi infancia, y uno que revisito periódicamente y todavía a día de hoy consigue sorprenderme. Su despliegue técnico es increíble y su historia, sin ser una maravilla, es mucho mejor que la de otros juegos más presuntamente serios que no nos pillan tan lejos en el tiempo. Su manual era (y sigue siendo) una puta pasada, repleto de información y detalles del juego, y el control... demonios, no es ni de lejos lo malo que lo pintan. ¿Alguien más se atreve a ponerse con él? A mí, mientras escribía esto me ha quedado una cosa muy clara: esta noche volveré a pasármelo... Porque siempre disfruto como una enana cada vez que revivo las aventuras de Sion Barzhad, Kou Leifoh, y Volt Krueger.
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