[PS3/PS4/PSV] Odin Sphere: Leifthrasir

Compré esta reedición de Odin Sphere sin tener ni pajolera idea de que estaba comprando un remake y no una de esas burdas HD Collections que hay ahora, pero es que en su día disfruté mucho de este juego y llegué a finales de la historia de Velvet... hasta que la PS2 me ralló el disco y lo dejó inutilizable. El verano pasado me hice con una nueva copia pero, ¡sorpresa! Al cabo de una semana anunciaron su reedición y ya me esperé a tener en mis manos la versión de PS3 para jugarlo de nuevo. Y vaya si ha valido la pena la espera. Después del salto, un análisis largo... pero entre lo que es el juego y lo que hay que comparar con la versión clásica, creo que merece la pena hablar de todas estas cosas, sobretodo para desmentir la idea preconcebida de que esto es un port cutre de Playstation 2, porque ni a mí interesándome mucho me había llegado toda la información. Quizá por llegar por sorpresa me ha resultado más increíble, si cabe, la transformación que ha sufrido. Pero empecemos desde el principio.



La historia nos presenta a cinco personajes: Gwendolin, Cornelius, Mercedes, Oswaldo y Velvet. A través de sus respectivas historias, iremos viendo diferentes lugares y momentos en el tiempo, que nos narrarán magistralmente las guerras entre los diferentes reinos, y que conforme vayamos desbloqueando, nos darán la opción de ver en el orden que queramos (sea el orden jugable o el cronológico), con lo que será muy difícil perderse. De esta forma, en la primera parte encarnaremos a Gwendolin, una valquiria hija de Odín que lo dará todo en la guerra para defender su país. Pero poco a poco las cosas se van torciendo, y nada es lo que parece a lo largo de las más de 30 horas que durará una aventura que, en ocasiones, se tornará mucho más oscura de lo que parecía inicialmente. 


Realmente, la historia se presenta a través de libros (cada uno asociado a un personaje) que Alicia, una niña normal de la actualidad, va leyendo desde su sillón con la única compañía de su gato. Todo nos indica que estamos ante un cuento o una leyenda: la propia pantalla de inicio, el pasar por la biblioteca para cambiar de personajes, la forma de los menús, las pantallas de carga... Y su presentación como tal es perfecta, pero no por ello cae en ese punto infantiloide o adolescente que se suele ver. Cierto es que en ocasiones es tremendamente teatral e incluso melodramático (sí, cualquier escena en la que hable Oswaldo es poco menos que una tragedia griega, ¡pero es que esto es un cuento!). No obstante, globalmente deja unas sensaciones muy positivas. Sus personajes están bien construídos, encajan en sus roles, y todos ellos son interesantes de ver. Evolucionan y crecen a lo largo de su historia, interactúan de forma natural... Más aún, y este quizá es su punto más atrayente: todos los personajes son adultos (o como mínimo se comportan como tales), y de forma consecuente. Esto se ve poco en los JRPGs, y aún teniendo ya ocho años, Odin Sphere sale a la palestra y da (otra vez) una buena lección de madurez a la mayoría de cosas que salen de japón.

Ampliadla y miradle la cara de vicioso por favor

Pero no todo es su guión, claro: estamos ante un JRPG que se juega como un beat'em'up en sus mazmorras. Parece una mezcla rara, pero en este remake se ha llevado de forma perfecta y sale ganando muchísimo. El sistema de combates se ha mejorado hasta el infinito: es mucho más sencillo encadenar combos larguísimos, y todos los personajes están muy (MUY) diferenciados entre ellos. Unos se centran en la velocidad, otros en la magia... incluso tenemos a Mercedes que, usando una ballesta, trastoca completamente las reglas del juego justo en la mitad y da un soplo de aire fresco a tanto espadazo cuerpo a cuerpo. Podremos saltar, golpear, cubrirnos, romper las defensas, desbloquear un parry (según el personaje), además de un juego aéreo que combina todo esto con genialidad.


Aparte de esto hay magias, que se enfatizan más dependiendo de con quien juguemos en ese momento. En el antiguo también habían, sí, pero ni de lejos al nivel que tenemos en Leifthrasir. Hay todo un árbol de habilidades que podremos desbloquear a través de los prisma fozón que encontremos, unas gemas que nos otorgarán nuevas técnicas (asignables a botones o, si lo preferimos, seleccionables desde un menú). En estas habilidades encontraremos todo tipo de cosas: disparos gigantes, tornados, torbellinos con la espada, filigranas del esquive, habilidades pasivas que aumentan otros aspectos de nuestro personaje... Estas gemas las encontraremos investigando todos los rincones de cada mazmorra. Los puntos de talento (adquiridos conforme vayamos combatiendo) también tendrán todo tipo de usos: aumentar nuestra velocidad, tolerancia a los estados alterados, y mil cosas más. Sumado a que todos los personajes pueden equiparse hasta tres objetos al mismo tiempo para cambiar alguna de sus características, nos encontramos con un sistema de combates tremendamente divertido, sólido, customizable y profundo: muy sencillo de entender, pero con mucho jugo por exprimir.


Pero ¿qué sería de todo este trabajo si las fases no fueran acordes? En la edición clásica, todas las fases eran redondas, siendo todas un bucle cerrado por el que moverse. Ahora hay muchos más tipos: horizontales, verticales, zonas a las que no se puede acceder de primeras (un muro de hielo que, a menos que uses una poción de fuego no se abrirá...), plataformeo... y alguna otra sorpresa. Además hay subjefes nuevos, y algunos de los jefes ya existentes han sido rediseñados, por no hablar de los puntos de descanso a media mazmorra que nos traerán un nuevo restaurante. Leiftrasir es más sencillo que su primera versión, pero es algo que le favorece: abandona la frustración que suponían algunos jefes por su limitado sistema de combos, y a cambio ellos también tienen nuevos movimientos y patrones. Queda una mezcla muy equilibrada, vaya.


Pero hay más. También hay un pueblo que podemos visitar entre fases, y un sistema de alquimia para hacer pociones (no solo curativas, sino habilidades ofensivas para el combate, entre otras) que no están nada mal y nuevamente nos darán la posibilidad de jugar como más nos guste. Además, podremos comprar o encontrar comida, plantar cosas, y recoger los frutos de todo esto yendo al restaurante con los ingredientes conseguidos y comiendo un plato de nuestra elección, cocinado en base a recetas que habremos encontrado previamente, y que suponen una gran recompensa: el método más fácil para subir de nivel.


De esta forma, Odin Sphere tiene una buena historia, un buen combate, mazmorras chulas, jefes ampliamente mejorados... ¿qué es lo que falla? Estamos ante un gran juego, pero que sigue conservando (aunque muy paliado en comparación) el mayor problema del original: la repetición. Los personajes están muy diferenciados, sí, pero pasaremos siempre por las mismas ocho mazmorras. Lucharemos contra los mismos jefes (aunque alguno cambie sus patrones, pero tarda mucho en ocurrir y son momentos muy puntuales). Y siempre tendremos la misma estructura: video, mazmorra, video, jefe, vídeo, nuevo capítulo. La historia no se parece entre personajes: no se repite nada y no queda como una excusa cutre para alargar el juego. Quizá uno va a la montaña de hielo para proteger a su país y el otro va para encontrarse con un sabio, pero la cuestión es que al final lucharemos como mínimo cinco veces contra cada jefe, una por cada personaje. La sensación de repetición y reciclaje es el mayor problema de todos los juegos de Vanillaware, aunque aquí ha quedado mucho más disimulada gracias a las amplias mejoras en el combate, lo diferenciados que están todos, y el gran trabajo rediseñando todas las fases y jefes, sí, pero no nos engañemos: Odin Sphere se repite mucho.


Nada que ver con la versión original, ojo, y a todos los que se espantaron con aquello pero les gustó la primera historia (hasta que les tocó empezar a repetir, vaya), les recomiendo fervientemente este remake. En ningún momento me ha sido un sacrificio rejugar ninguna mazmorra (cosa que en PS2 sí lo era, os lo aseguro), y la verdad es que cada vez que he enchufado el juego, me he quedado fácilmente tres horas pegada al mando (y el primer y último día fueron bastantes más, os lo aseguro). Esto ya no lo consigue su historia que ya conocía en su 90%, así que ya no cuela como aliciente como sí lo era en su época, sino que es el resultado de la pura diversión que rezuma este título. Así que sí: repetitivo, para qué mentir. Pero también tremendamente divertido, tanto que es un defecto perfectamente perdonable si gustan todas las demás características del juego, como es mi caso.


En lo que respecta al apartado artístico, ¿qué decir? Siempre fue uno de los juegos más espectaculares de Playstation 2 que, aún hoy, miras y te deja alucinado. No ha envejecido ni un ápice: precioso, colorido, un mundo de cuento perfectamente llevado a nuestras pantallas. Todo está muy bien diseñado, y además cuenta con muchas animaciones nuevas (tanto en personajes como en escenarios) que mejoran aún más el aspecto de lo que todavía ahora era impresionante. Vanillaware demuestra una vez más estar en la cúspide de lo que se puede llegar a hacer con el 2D desde hace muchos años. Todo esto está apoyado por una banda sonora sensacional a cargo de Basiscape, con un sonido orquestral, celta, que encaja perfectamente con toda la aventura. Yendo a la parte más técnica, el juego petardeaba bastante en Playstation 2. Nuestra versión europea estaba muy mejorada (pese a funcionar a 50hz) con tiempos de carga menos largos, pero las relentizaciones cual Bullet Hell eran un problema muy real cuando tocaba encarar algunos jefes, y eso ha desaparecido completamente: Odin Sphere se mueve siempre a unos fluidísimos 60 frames por segundo. 

Tranquilos que esto no es un spoiler sino la primera escena del juego.
En resumen: este análisis es larguísimo, pero Odin Sphere: Leifthrasir se lo merece. Este juego es la mezcla de todas las buenas ideas del original, pero llevadas al fin a buen puerto. Un sistema de combates completamente nuevo y divertidísimo, zonas enteras rediseñadas, jefes nuevos junto a los de siempre pero con grandes cambios (a bien), cinco personajes diferenciadísimos con cinco historias que son un verdadero placer de disfrutar por su nivel de madurez, buena música, y... ¿lo habéis visto en movimiento? Su belleza, sus animaciones, su fluidez: todo entra por los ojos desde el minuto uno, al igual que en el original, pero sólo ha ido a mejor. Leifthrasir es un nuevo juego disfrazado del clásico, que incluye todo lo que lo hacía tan llamativo pero, al mismo tiempo, potencia lo bueno hasta niveles inimaginables. Para los que amaban el original, es una compra obligatoria. Para los que lo abandonaron por sus defectos, es una compra obligatoria. Para los que no lo han jugado, es una compra obligatoria. Leifthrasir no se zafa del gordísimo defecto de la repetición pero, esta vez, el camino es mucho más agradable y divertido: tanto que no me he cansado en ningún momento a lo largo de las 32 horas que me ha durado. En serio, ¿a qué esperáis para jugar a esta maravilla?

Sé que estoy enferma y no me arrepiento de nada.
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