OST para recordar... (29)

Ay ay ay... las noticias, las entradas se acumulan, y yo no acabo de encontrar el momento para ponerme a pasar al ordenador las entradas que tengo en la libreta (escribo habitualmente en una libreta, sí). Así que, hasta que pueda ponerme a ello, recuperemos la vieja sección musical, ¡que ya se echaba de menos fangirlear de cosas por la cara pra hacer más llevadero el lunes!

Metroid Zero Mission - Kraid


Pocas cosas me han sorprendido tanto este año como el amor incondicional que me ha despertado este Metroid: Zero Mission. La verdad es que empecé AM2R y jugué un par de horas. Enamoradísima de él, me encontré con que mi disco duro petó a finales de agosto y me quedé sin mi progreso. ¡Ay! Sé que dos horas es poco tiempo, pero dado lo mucho que me costó avanzar, me dolió bastante. Lo tengo todavía, pero claro... hay que volver a empezarlo. Mientras tanto, a disfrutar del temazo de Kraid.



Thumper - Triangle


Thumper... ¿Pues qué decir? El videojuego que más me ha enganchado estos últimos meses, y uno de los grandes de este año al que no se le está prestando la suficiente atención. Lo juego sin VR, no importa: sigue siendo hipnótico y cautivador. Su sonido tiene poco de musical, curioso tratándose de un juego de ritmo que entra en mis OSTs para recordar. Pero todo resulta tan atmosférico que nada importa, y el sonido encaja tan bien con todo lo que está pasando que no puedes evitar amarlo. Larga vida a Thumper, llevo con él dieciséis horas fácilmente, y en vez de perder interés en él no hago más que ganarlo.


Blazblue: Central Fiction - Jaeger


 Hace pocos días pude estrenar el Blazblue Central Fiction algo que no me esperaba ni yo. Sólo había jugado a Calamity Trigger y unas pocas horas, pero ir al fin al día con una saga de luchas no está nada mal (al Tekken Tag Tournament 2 llegué tarde no, lo siguiente... Aunque sigo encontrando a muchísima gente en el online), y poder jugar con amigos y que te enseñen de qué va la cosa mola. Ayer pude jugar con AdeR y pidió expresamente que eligiera este tema para el escenario en el que jugábamos, así que no está de más recordarlo hoy, aunque no es el primer temazo de ASW que coloco por aquí.


Esto es todo por hoy. Pasad una feliz semana y nos vemos próximamente con entradas que podrían no ser un análisis de juegos porque Dariusburst mató al blog. ¡Hasta otra!

[GBA] Metroid Zero Mission

Existen en el mundo personas a las que, sin creer en ningún Dios, un día se les aparece la virgen y se vuelven beatas de repente... Más o menos es lo que me ha pasado a mí. Hace ya dos años que terminé Metroid Fusion, y aunque recibí un montón de sugerencias de cómo continuar con la saga, no me veía haciéndolo hasta dentro de por lo menos otros cinco años. El motivo por el que he jugado a Zero Mission no ha sido el 30 aniversario de la saga o querer culturizarme videojueguilmente, sino algo mucho más tonto: quería jugar en la cama y este era el único juego que tenía en la PSP. Esperaba quedarme dormida a los cinco minutos como me pasa cada vez que reempiezo Zero Mission (al menos tres veces al año), pero la sorpresa fue que en mi mente algo mágico hizo click y comprendió, al fin, la gracia de Metroid. Sin reservas, sin quejas, sin "esto es demasiado complicado para mí aunque me gusta mucho el concepto": solo un hambre voraz de seguir con él. Y así fue como aquella noche no dormí: estaba ocupada explorando. Me dicen esto dos días antes de empezarlo y no me lo creo, pero para mí ha sido una epifanía tan surreal como reveladora. Digamos que a mí se me ha aparecido Samus, y a mi manera... yo también he empezado a creer. Bienvenidos al planeta Zebes.


Metroid: Zero Mission es un remake del primer Metroid de NES: un juego de 1986 pero con el gameplay actualizado de Super Metroid. No puedo comparar entre juegos porque este es mi segundo Metroid, pero todo me ha resultado mágico desde el primer minuto. La idea del juego es que empezamos en un planeta desconocido asistidos por el poder del traje de Samus que, no obstante, no tiene todas sus funciones en el momento de empezar. A lo largo del juego iremos descubriendo todos los recovecos de cada zona, y poco a poco encontraremos nuevos poderes para el traje que nos darán acceso a zonas que siempre han estado ahí pero a las que no podíamos entrar sin abrir el camino con nuestro nuevo poder.


Metroid, pues, se caracteriza por una buena dosis de backtracking, pero también por una sensación constante de descubrimiento. De sentirte listo por llegar al sector que toca, de rendirte por no poder ejecutar bien tal o cual salto y volver al cabo de media hora siendo capaz de pegarte a las cornisas como si nada... abrir y cerrar el mapa cada diez segundos con la intención, siempre, de encontrar algo nuevo volviendo a aquella sección que todavía no tienes explorada por ya-no-recuerdas qué motivo. Nunca me sentí perdida, ojo: las estatuas Chozo señalan hacia qué lugar habría que dirigirse, pero a diferencia de las peroratas de Metroid Fusion, simplemente nos señalarán en el mapa que estaría bien acercarse a tal sector y, si se sienten generosos, nos señalan un punto en medio de la nada hasta el que deberemos llegar investigando todos los recovecos para descubrir el acceso. Nada más, ni nada menos: no lo necesitaremos. Y se agradece mucho, porque sin texto construye una atmósfera magnífica.


También habrá enfrentamientos contra jefes, que sin duda son de las partes que menos excelentes me han parecido: no por malos (porque en absoluto, ya quisieran algunos juegos de acción tener combates así) sino porque no son tan excelentes como todo lo demás, aunque están genial para comprobar hasta donde llegan las habilidades de nuestro traje. Hay como mínimo un jefe por sector: con sprites enormes que ocupan media pantalla, y batallas diseñadas con muy buen hacer en la gran mayoría de casos, elevando mucho la adrenalina, que no viene mal de vez en cuando.


He sentido Zero Mission como un crescendo continuo, de principio a... al último sector. En ese momento pasé a odiar el juego, y no me refiero a la parte exclusiva del remake (que es la segunda que menos me gusta, pero en ningún momento la consideré horrible), no: sino al juego normal. El diseño de su zona final me asqueó absolutamente y me pareció totalmente contrario al espíritu del resto del juego, sintiéndome muy decepcionada con el bajón que dio y la dificultad gratuíta que no pegaba con todo lo demás. Una decepción similar al mal sabor de boca que me dejó la misión final de Human Revolution por los mismos motivos, pero que en ningún caso logra ensombrecer lo mucho que he disfrutado del resto del juego.


Es una sensación curiosa: haber aborrecido Metroid durante años, encontrar en Fusion un montón de ideas que me fascinan (el SA-X, ¡el maldito SA-X!) pero que sin embargo no me entusiasman cuando llega la hora de jugar realmente... y que un buen día llegue Zero Mission y lo cambie todo. El juego es el mismo que llevo años probando cíclicamente: estático e inamovible, que aún no existían los DLCs. El mismo juego que hace seis meses me ayudó a dormirme en una noche de insomnio. Supongo que soy yo la que he cambiado, y me alegro inmensamente por haber sido, al fin, capaz de disfrutarlo sin quejas ni medias tintas: solo con una simple sonrisa que se ha ido empequeñeciendo conforme me daba cuenta de que estaba cerca de terminarlo y que vivimos en un mundo distópico en el que Nintendo ya no hace Metroids...


Todo en el juego es estupendo. El control está solventado a las mil maravillas con los cuatro botones de Game Boy Advance, y la forma en que se introducen gradualmente todas las mejoras hace que en ningún momento resulten agobiantes todas las combinaciones que se pueden dar, dado que los poderes que adquirirá Samus no serán precisamente pocos. Artísticamente es magistral: una paleta de colores muy viva que transmite su ambientación de una forma estupenda en uno de los juegos más bonitos de GBA, aunque no tan espectacular técnicamente como Fusion, que tenía algunos efectos que me dejaron verdaderamente boquiabierta. La música en cambio supera lo genial y es simplemente de diez, construyendo una atmósfera increíble de misterio y soledad con temazos como este o este, que te hacen atesorar cada visita a sus respectivos sectores. Son temas cortos que se repiten en bucle durante mucho tiempo, pero en ningún momento molesta debido a su altísima calidad, al igual que los temas de los jefes. Todo contribuye a un mundo silencioso, de soledad: te crees realmente que estás en un planeta habitado por seres hostiles dispuestos a matarte, y que ningún otro humano vendrá a ayudarte.

 
No he jugado al Metroid original, así que no juzgo a Zero Mission como remake sino únicamente como juego. Y he descubierto en él algo extraordinario: una ambientación sublime que se explica sola y sin palabras, escenarios maravillosos, y una banda sonora fantástica que sorprende más aún por venir de una Game Boy Advance. Todo, unido en un diseño de niveles prodigioso. Esta vez el juego me ha durado menos de cinco horas, y se me ha hecho tan breve que no he podido evitar empezar el AM2R porque pese a que el tramo final no ha sido nada de mi agrado, me he quedado con ganas de más. Y eso es algo bueno, muy bueno. Metroid: Zero Mission, es un juego excelente en sí mismo, pero la sorpresa del año no ha sido descubrir el juego, sino marcar esa diferencia que me ha hecho, al fin, descubrir el encanto propio de la saga Metroid.

 
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