[GBA] Metroid Zero Mission
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Existen en el mundo personas a las que, sin creer en ningún Dios, un día se les aparece la virgen y se vuelven beatas de repente... Más o menos es lo que me ha pasado a mí. Hace ya dos años que terminé Metroid Fusion, y aunque recibí un montón de sugerencias de cómo continuar con la saga, no me veía haciéndolo hasta dentro de por lo menos otros cinco años. El motivo por el que he jugado a Zero Mission no ha sido el 30 aniversario de la saga o querer culturizarme videojueguilmente, sino algo mucho más tonto: quería jugar en la cama y este era el único juego que tenía en la PSP. Esperaba quedarme dormida a los cinco minutos como me pasa cada vez que reempiezo Zero Mission (al menos tres veces al año), pero la sorpresa fue que en mi mente algo mágico hizo click y comprendió, al fin, la gracia de Metroid. Sin reservas, sin quejas, sin "esto es demasiado complicado para mí aunque me gusta mucho el concepto": solo un hambre voraz de seguir con él. Y así fue como aquella noche no dormí: estaba ocupada explorando. Me dicen esto dos días antes de empezarlo y no me lo creo, pero para mí ha sido una epifanía tan surreal como reveladora. Digamos que a mí se me ha aparecido Samus, y a mi manera... yo también he empezado a creer. Bienvenidos al planeta Zebes.
Metroid: Zero Mission es un remake del primer Metroid de NES: un juego de 1986 pero con el gameplay actualizado de Super Metroid. No puedo comparar entre juegos porque este es mi segundo Metroid, pero todo me ha resultado mágico desde el primer minuto. La idea del juego es que empezamos en un planeta desconocido asistidos por el poder del traje de Samus que, no obstante, no tiene todas sus funciones en el momento de empezar. A lo largo del juego iremos descubriendo todos los recovecos de cada zona, y poco a poco encontraremos nuevos poderes para el traje que nos darán acceso a zonas que siempre han estado ahí pero a las que no podíamos entrar sin abrir el camino con nuestro nuevo poder.
Metroid, pues, se caracteriza por una buena dosis de backtracking, pero también por una sensación constante de descubrimiento. De sentirte listo por llegar al sector que toca, de rendirte por no poder ejecutar bien tal o cual salto y volver al cabo de media hora siendo capaz de pegarte a las cornisas como si nada... abrir y cerrar el mapa cada diez segundos con la intención, siempre, de encontrar algo nuevo volviendo a aquella sección que todavía no tienes explorada por ya-no-recuerdas qué motivo. Nunca me sentí perdida, ojo: las estatuas Chozo señalan hacia qué lugar habría que dirigirse, pero a diferencia de las peroratas de Metroid Fusion, simplemente nos señalarán en el mapa que estaría bien acercarse a tal sector y, si se sienten generosos, nos señalan un punto en medio de la nada hasta el que deberemos llegar investigando todos los recovecos para descubrir el acceso. Nada más, ni nada menos: no lo necesitaremos. Y se agradece mucho, porque sin texto construye una atmósfera magnífica.
También habrá enfrentamientos contra jefes, que sin duda son de las partes que menos excelentes me han parecido: no por malos (porque en absoluto, ya quisieran algunos juegos de acción tener combates así) sino porque no son tan excelentes como todo lo demás, aunque están genial para comprobar hasta donde llegan las habilidades de nuestro traje. Hay como mínimo un jefe por sector: con sprites enormes que ocupan media pantalla, y batallas diseñadas con muy buen hacer en la gran mayoría de casos, elevando mucho la adrenalina, que no viene mal de vez en cuando.
He sentido Zero Mission como un crescendo continuo, de principio a... al último sector. En ese momento pasé a odiar el juego, y no me refiero a la parte exclusiva del remake (que es la segunda que menos me gusta, pero en ningún momento la consideré horrible), no: sino al juego normal. El diseño de su zona final me asqueó absolutamente y me pareció totalmente contrario al espíritu del resto del juego, sintiéndome muy decepcionada con el bajón que dio y la dificultad gratuíta que no pegaba con todo lo demás. Una decepción similar al mal sabor de boca que me dejó la misión final de Human Revolution por los mismos motivos, pero que en ningún caso logra ensombrecer lo mucho que he disfrutado del resto del juego.
Es una sensación curiosa: haber aborrecido Metroid durante años, encontrar en Fusion un montón de ideas que me fascinan (el SA-X, ¡el maldito SA-X!) pero que sin embargo no me entusiasman cuando llega la hora de jugar realmente... y que un buen día llegue Zero Mission y lo cambie todo. El juego es el mismo que llevo años probando cíclicamente: estático e inamovible, que aún no existían los DLCs. El mismo juego que hace seis meses me ayudó a dormirme en una noche de insomnio. Supongo que soy yo la que he cambiado, y me alegro inmensamente por haber sido, al fin, capaz de disfrutarlo sin quejas ni medias tintas: solo con una simple sonrisa que se ha ido empequeñeciendo conforme me daba cuenta de que estaba cerca de terminarlo y que vivimos en un mundo distópico en el que Nintendo ya no hace Metroids...
También habrá enfrentamientos contra jefes, que sin duda son de las partes que menos excelentes me han parecido: no por malos (porque en absoluto, ya quisieran algunos juegos de acción tener combates así) sino porque no son tan excelentes como todo lo demás, aunque están genial para comprobar hasta donde llegan las habilidades de nuestro traje. Hay como mínimo un jefe por sector: con sprites enormes que ocupan media pantalla, y batallas diseñadas con muy buen hacer en la gran mayoría de casos, elevando mucho la adrenalina, que no viene mal de vez en cuando.
He sentido Zero Mission como un crescendo continuo, de principio a... al último sector. En ese momento pasé a odiar el juego, y no me refiero a la parte exclusiva del remake (que es la segunda que menos me gusta, pero en ningún momento la consideré horrible), no: sino al juego normal. El diseño de su zona final me asqueó absolutamente y me pareció totalmente contrario al espíritu del resto del juego, sintiéndome muy decepcionada con el bajón que dio y la dificultad gratuíta que no pegaba con todo lo demás. Una decepción similar al mal sabor de boca que me dejó la misión final de Human Revolution por los mismos motivos, pero que en ningún caso logra ensombrecer lo mucho que he disfrutado del resto del juego.
Es una sensación curiosa: haber aborrecido Metroid durante años, encontrar en Fusion un montón de ideas que me fascinan (el SA-X, ¡el maldito SA-X!) pero que sin embargo no me entusiasman cuando llega la hora de jugar realmente... y que un buen día llegue Zero Mission y lo cambie todo. El juego es el mismo que llevo años probando cíclicamente: estático e inamovible, que aún no existían los DLCs. El mismo juego que hace seis meses me ayudó a dormirme en una noche de insomnio. Supongo que soy yo la que he cambiado, y me alegro inmensamente por haber sido, al fin, capaz de disfrutarlo sin quejas ni medias tintas: solo con una simple sonrisa que se ha ido empequeñeciendo conforme me daba cuenta de que estaba cerca de terminarlo y que vivimos en un mundo distópico en el que Nintendo ya no hace Metroids...
Todo en el juego es estupendo. El control está solventado a las mil maravillas con los cuatro botones de Game Boy Advance, y la forma en que se introducen gradualmente todas las mejoras hace que en ningún momento resulten agobiantes todas las combinaciones que se pueden dar, dado que los poderes que adquirirá Samus no serán precisamente pocos. Artísticamente es magistral: una paleta de colores muy viva que transmite su ambientación de una forma estupenda en uno de los juegos más bonitos de GBA, aunque no tan espectacular técnicamente como Fusion, que tenía algunos efectos que me dejaron verdaderamente boquiabierta. La música en cambio supera lo genial y es simplemente de diez, construyendo una atmósfera increíble de misterio y soledad con temazos como este o este, que te hacen atesorar cada visita a sus respectivos sectores. Son temas cortos que se repiten en bucle durante mucho tiempo, pero en ningún momento molesta debido a su altísima calidad, al igual que los temas de los jefes. Todo contribuye a un mundo silencioso, de soledad: te crees realmente que estás en un planeta habitado por seres hostiles dispuestos a matarte, y que ningún otro humano vendrá a ayudarte.
No he jugado al Metroid original, así que no juzgo a Zero Mission como remake sino únicamente como juego. Y he descubierto en él algo extraordinario: una ambientación sublime que se explica sola y sin palabras, escenarios maravillosos, y una banda sonora fantástica que sorprende más aún por venir de una Game Boy Advance. Todo, unido en un diseño de niveles prodigioso. Esta vez el juego me ha durado menos de cinco horas, y se me ha hecho tan breve que no he podido evitar empezar el AM2R porque pese a que el tramo final no ha sido nada de mi agrado, me he quedado con ganas de más. Y eso es algo bueno, muy bueno. Metroid: Zero Mission, es un juego excelente en sí mismo, pero la sorpresa del año no ha sido descubrir el juego, sino marcar esa diferencia que me ha hecho, al fin, descubrir el encanto propio de la saga Metroid.
[GBA] Metroid Fusion
Hace mucho, mucho tiempo, cuando salió la Game Boy Advance, recibí un regalo: el Metroid Fusion, juego recién salido en aquel entonces. Para variar, yo dedicaba mi vida a jugar a Pokémon y lo poco que jugué a Metroid no me gustó, pues me parecía demasiado complicado (¿qué es eso de explorar?) y yo no estaba para ésas cosas. Más de diez años después (¿tanto tiempo ha pasado?), al fin lo he logrado. He perdido el cartucho, pero emulándolo he conseguido lo que en su día no pude: completar un Metroid, uno de los objetivos veraniegos del año pasado que, aunque tarde, a principios de año llegó al fin a buen puerto. La verdad, he jugado muy poco a las franquicias clásicas de Nintendo; tan poco que éste ha sido mi primer Metroid.
| Metroid no existe en Japón, pero yo coloco la carátula japonesa. |
La historia (creo que de los 2D éste es el Metroid con más historia, pero corregidme si me equivoco) nos presenta a Samus Aran, que en una misión rutinaria entra en contacto con un peligroso virus llamado X. Éste se fusiona con Samus, y pese a diversos problemas, los cirujanos logran salvarla... Pero su traje se ve fuertemente alterado, perdiendo todos sus poderes en el proceso. No obstante, la informan de que cuantos más parásitos X absorba, más de sus antiguas habilidades recuperará. Una estación en algún planeta lejano ha sido atacada, y Samus se dirige allí sin pensarlo dos veces con el objetivo de investigar los diferentes sectores de la estación, que serán las zonas en las que pasaremos la mayor parte del tiempo. El SA-X, los restos del virus que le han extirpado del traje, ha adquirido los poderes de Samus, y está rondando por la zona con el mismo aspecto que ella.
No soy ninguna fan de los juegos de exploración, ni tampoco me ha sido nada fácil acabarme el juego. Me resultaba desesperante que todo el mundo me dijera: "¿Todavía no lo has acabado? ¡Pero si es cortísimo! Dura como cuatro horas". Pues a mí me ha durado el doble, qué queréis que os diga (y porque al morir no se te guarda el tiempo, que sino seguro que sería el triple), y es que también te puedes pasar Dark Souls en dos horas, y sin embargo hay gente a la que le dura 100. Dicen que es el Metroid fácil y pasillero, pero me ha costado lo suyo, y lo cierto es que hay muchísimos rincones secretos escondiendo tanques de vida y misiles que compensarán a aquel que se pare a investigarlo todo. Es verdad que se da un objetivo claro (ve a tal sitio, destruye a tal, consigue tal objeto...), pero aunque se marque su ubicación en el mapa, no siempre será tan sencillo, y llegar a según qué lugares requerirá de cierta investigación en el sector, claro.
Metroid Fusion me ha gustado. Tanto que yo (la chica-anti-exploración, aunque con honrosas excepciones) he conseguido terminar el juego. Pero ha habido cosas que me han sobrado, como... ¡la historia! Realmente estás en un paraje desconocido y, con dos líneas de "Samus, destruye al jefe de la zona tal" habría más que de sobras. Sin embargo, se les da una personalidad a la protagonista y al ordenador Adam (Que se dedica a darnos instrucciones), y pese a que son secuencias cortas, dan la sensación de sobrar un poco y estar ahí por estar.
| Columna de texto que blerhg |
Todos los sectores tienen una serie de secretos por investigar, y con los diferentes poderes que consigamos (morfosfera, cañones de muchos tipos, diferentes saltos, la bomba de poder que destruye todo lo que hay en pantalla, el salto entre paredes...) podremos acceder a áreas que al principio del juego no nos eran accesibles en el sector uno, pero que cuando hayamos acabado el quinto, podemos volver para ver qué nos hemos perdido, fomentando mucho la exploración. Poco a poco vamos descubriendo pasadizos secretos, y personalmente encontré muy divertida ésta parte, aunque a veces me desesperara porque no sabia llegar a la zona tal o cual pese a tenerla físicamente a mi lado en el mapa. Sobre éstos poderes, por cierto, cabe decir que aunque hay un montón y la GBA tiene poquitos botones, el control está muy bien solventado y en ningún momento resulta aparatoso; todo lo contrario.
Pero hablemos del SA-X, nuestro enemigo malo malísimo supremo a lo largo de todo el juego. El cambio en la música, la tensión del momento, sentir el abismo que os separa por más poderes que recuperes. Andar tranquilamente y darte cuenta de repente que ha aparecido y que está persiguiéndote son un chute de adrenalina que comporta algunos de los mejores momentos del juego, sin necesidad de un sólo diálogo para que entendamos cómo se siente Samus (o más bien para que nosotros seamos Samus), momentos impagables que justifican pasarse el juego sólo para ser vividos.
El apartado técnico destaca especialmente para ayudar a conseguir ése sentimiento. Animaciones muy cuidadas, gráficos detallados y coloridos (que aunque en Metroid quizá no sean lo más adecuado, en una portátil sientan muy bien), efectos espectaculares... y, sobretodo, su estupenda música, que si destaca, para mí ya es un gran pro en cualquier videojuego. Temas ambientales, de tensión, temas especiales para cada jefe, todos variados pero manteniendo una homogeneidad que hace que todo encaje perfectamente. Nada que añadir: una de las mejores bandas sonoras de Game Boy Advance, con temazos como éste, éste, o éste de aquí.
No tengo más que decir de Metroid Fusion. La verdad es que es un juego tremendo del que podría escribirse mucho, pero ésta entrada ya es lo bastante larga y realmente todo el mundo sabe mínimamente de qué va Metroid. Podría haber hablado más de su genial control, lo difícil que me resultó en general (me da igual que sea el fácil, yo sufrí mucho) o de lo geniales que son todos los jefes, en los que sudé tinta para vencer. Pero para mí Metroid ha sido otra cosa. Recuerdo las geniales persecuciones, la tensión de algunos momentos, sus efectos de sonido, el silencio, los tanques de energía que se agotaban rápidamente. Y especialmente recuerdo romperme la cabeza pensando en cómo podría pasar por la lava, rendirme, y volver unas horas más tarde triunfante, con un nuevo traje, y superar el objetivo planteado. Sensaciones que, por más que explique aquí, vale la pena descubrir uno mismo... incluso si es un anti-juegos-de-exploración como yo.
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Kentucky Route Zero
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