OST para recordar... (11)

Hacía mucho que no colgaba una banda sonora de algo. ¿Y por qué no? Porque tenía análisis a mansalva, pero ha llegado la hora de rellenar el blog con otras cosas y, de paso, hacer recomendaciones gratuítas (ya sabéis que me encanta mencionar lo que me gusta a la mínima, y éstas entradas son el formato perfecto). RPGs y estrategia: ¡no se puede pedir más! Los hay para todos los gustos.


Persona 2 Innocent Sin - MAP ~ Xibalba


La verdad es que el título de mi tema favorito de Persona 2: Innocent Sin es un spoiler andante del final del juego, así que nos quedamos con éste: el tema del mapa de Xibalba, remasterizado para su versión de PSP. Toda la música del juego es así de genial, y aunque hay temas mucho más representativos (En general toda la música es muy movida), éste es uno de los que más me gustan. Persona 2 tiene un gameplay muy normalito, por cierto, pero es mi Persona favorito en lo que respecta a historia. Si os gusta la saga y aún no lo habéis probado, de verdad que no os lo podéis perder.


Advance Wars: Days of Ruin OST - Goddess of Revenge


Oyes algunas bandas sonoras de DS y te preguntas por qué tantos juegos suenan como si fueran de Game Boy Advance, cuando la DS puede hacer mucho más. Por suerte, Days of Ruin es uno de los que aprovechan la máquina, y no sólo eso: para mí es uno de los mejores de DS. Ésta entrega es mucho más seria y menos colorida que el resto, pero el cambio no le sentó nada mal (mi Advance Wars favorito, sin duda). Una genial banda sonora para uno de los grandes.


Metal Max Returns- Howl (To a Lingering Past)



Metal Max Returns es un JRPG divertidísimo que se aleja bastante del clásico RPG japonés: permite gran libertad y básicamente es una especie de sandbox postapocalíptico con combates a la Final Fantasy antiguos, muchos tanques, perros con bazookas y gorilas albinos con lanzallamas. Es simpatiquísimo, rebosa humor por todos los lados, tiene sus momentos de drama y muchas curiosidades esperando ser descubiertas. Si queréis probar algo distinto en la SNES, dejando de lado los cuatro RPGs clásicos que todos conocemos y que siempre salen recomendados, dadle una oportunidad.

[SNES] Metal Max Returns

Metal Max returns apareció en 1995 para SNES, pero en realidad es un remake del Metal Max de NES (1991). Ninguno de los dos salió de Japón en su momento, pero gracias a un parche de Aeon Genesis, Metal Max Returns se puede jugar perfectamente en inglés, e incluso si no comprendéis el idioma, con unas nociones básicas para entender los menús es muy fácil disfrutar del título, pues no tiene mucha historia pese a ser un RPG. Pero es que en el 91 había muy pocos juegos con historia, seamos francos. En inglés no he encontrado más que una sola review del juego, y en español ninguna. ¡¿Pero qué es esto?! Se supone que es un juego muy popular en Japón, porque ha visto numerosas secuelas y, según wikipedia, éste en concreto vendió 17 millones de copias. Algo me dice que hay algún error, porque me parecen demasiadas. Editado: Roy Ramker dice que según Mediacreate son 40.206, cifra mucho más creíble. El caso es que en Occidente ha pasado totalmente desapercibido y oficialmente sólo ha llegado uno de los juegos, para PS2 (Metal Saga). Una lástima, porque ofrece cosas muy innovadoras para su época y da una sensación de libertad muy superior a la de juegos MUY posteriores.


Metal Max Returns (desde ahora MMR) empieza cuando el padre del protagonista mudo le echa de casa. Sí, así. Resulta que el padre se gana la vida como mecánico, pero el hijo no quiere seguir sus pasos y prefiere ser un cazador de monstruos que vive aventuras y arriesga su vida. Cosas que pasan. Así que el padre lo echa, esperando que sea una rabieta del momento para que el hijo vuelva con el rabo entre las piernas, pero si eso ocurre o no, es decisión nuestra. Empezamos saliendo de aventuras en un mundo postapocalíptico en el que la gente simplemente intenta sobrevivir. No hay demonios resucitados que quieran destruir el mundo, ni princesas secuestradas, ni mundos por salvar. El mundo lleva mucho tiempo destruído, pero todos se esfuerzan por recuperarse y sobrellevar la catástrofe. Sin embargo, no esperéis dramatismo excesivo: aunque Metal Max no tiene mucha historia, los diálogos suelen ser divertidos, y no se toma muy en serio a sí mismo.

¡¡Pues fuera de mi casa, niñato!!

Para empezar, no es casualidad que el padre sea mecánico, puesto que el taller es la construcción más grande de toda la ciudad, y al lado tienen una tienda de campaña en la cual te alquilan tanques. ¿Pensábais que el protagonista podría usar magia tranquilamente y derrotar a los enemigos con una espada? Ilusos. Los monstruos son duros, así que los tanques son necesarios para hacerlos papilla, y cuando no, lucharemos con pistolas, metralletas y bazookas que lo alejan honorablemente de sus contemporáneos de estilo medieval. Es realista porque en ocasiones tendrás que desmontar cuando haya algún terreno que los tanques no puedan recorrer. Son vitales para no ser derrotados en algunas batallas, y aunque se gana mucha menos experiencia a bordo de uno, ayudan mucho a no morir, puesto que la cantidad de batallas aleatorias es absurdamente alta y, si el protagonista sale sin un tanque, morirá al poco tiempo si no tiene el nivel y equipamiento adecuados, sobretodo al principio. Debo decir en defensa del juego que, aunque es verdad que el ratio de combates es muy alto, también lo son las posibilidades de escapar; a diferencia de muchos RPGs en los cuales esta opción sólo sirve para hacerte perder un turno. Y sí, es un juego difícil, pero vale la pena. Además, más adelante se nos unirán dos personajes a la aventura: una mujer soldado y un chico mecánico.


Tu primera tarea es conseguir tu propio tanque, para lo cual... Tendrás que alquilar uno primero. Por alguna razón hay un tanque en las profundidades de un volcán extinguido. ¡En fin! Tarde o temprano lo consigues, y éste juego se parece un poco a Pokémon: buena parte de la diversión está en hacerse con todos. Cada tanque tiene varios ataques dependiendo de las piezas que tenga instaladas, pero hay que vigilar que su armamento y carrocería no sean demasiado pesados, o de lo contrario no se podrá mover. En cualquier caso, son bastante customizables, y a simple vista se puede apreciar que todos los tanques son distintos y no sólo en el color, un gran detalle. No tengáis la fe de que al cambiarle la carrocería cambie el sprite del tanque, pero en cualquier caso todos son muy distinguibles entre sí, y encima les puedes poner nombre. ¡Para qué quiero mi Pokémon Oro si puedo tener un tanque que por defecto se llame Mosquito!


Los combates son por turnos clásicos, entretenidos aunque no realmente adictivos. Lo básico: estados alterados y diferentes comandos; ataque, defensa, objeto y huir. Esto cuando no vamos en el tanque, porque al subirnos aparecen otras posibilidades: ataque con la metralleta (el estándar, de munición infinita), y otros dos que hayamos equipado, aunque al principio no estén disponibles. Son ataques más poderosos, pero tienen munición limitada que hay que ir reponiendo, con un coste monetario. Y sí, todos ellos tienen animaciones distintas. A parte de esto, no puedes elegir a quién atacar cuando hay dos o más enemigos iguales. Es decir si te salen tres enemigos distintos pero uno de ellos está repetido (cuatro objetivos en total), puedes elegir la “raza” del enemigo al que atacar, pero si eliges el repetido, no sabes a cuál de los dos atacará la máquina, lo cual puede llegar a ser un inconveniente. Los enemigos van de lo bizarro a lo absurdo: desde caracoles gigantes a monos y gorilas con lanzallamas, pasando por perros con bazookas. Ver como un gorila albino de la tribu de los Salmonella te destroza el tanque y te obliga a luchar a pie es algo que no tiene precio.


Además de esto, MMR es muy disfrutable por las pequeñas curiosidades que tiene, que suelen ser divertidas. Un extraño animalito que se alimenta de dinero y al que verás crecer poco a poco, poder invitar a todo el mundo a una ronda en el bar y no poder volver bien al tanque por culpa de la borrachera. Si mueres, tu padre te lleva a casa del científico loco para que te resucite, pero tu tanque se queda donde has muerto y si dejas que pase mucho tiempo sin ir a buscarlo, los pájaros empezarán a cagársele encima y será difícil moverlo. En serio. Detalles así que enriquecen el juego y lo hacen sorprendente para su época. Hay muy poca historia principal, pero es muy intreresante; no por el argumento en sí sino por cómo se presenta. Si investigas lo suficiente, si hablas con todo el mundo, si encuentras diarios perdidos por el mundo o te fijas en los mensajes que alguien dejó en los ordenadores de cierto laboratorio, encontrarás pequeños detalles que la propia historia principal no te cuenta, pero que están ahí para que tú los descubras... si quieres.

Sorprendentemente realista.

Carece de toda la linealidad típica en el género, y nos deja movernos por un mapeado enorme lleno de secretos, donde la única limitación es tu capacidad para derrotar a los enemigos que encuentres. La sensación de libertad es inmensa. Por ejemplo, si vuelves a casa tu hermana te anima a cumplir tu sueño, y a no dejar que tu padre se interponga en tu camino, y si buscas en el armario de la habitación de ella podrás quedarte con su toalla, o con la camiseta de tu padre. ¿Sirven para algo estos objetos? No. ¿Sirven para algo los platos de Morrowind? Pues tampoco, pero están ahí porque estarían en cualquier casa, y hacen de él algo único. Además, podemos ir al local de los cazadores y recoger allí encargos, que pueden estar en cualquier sitio del mapa.


Como punto negativo, el menú (pulsando A) es al principio algo raro de manejar puesto que hoy en día todo está mucho más simplificado y con un botón hablamos, observamos, buscamos objetos en una estantería y demás; pero en este caso se parece mucho a lo visto por ejemplo en Earthbound. A las pocas horas ya nos habremos acostumbrado.


La duración es infinita, pero también es posiblemente el RPG que antes puede terminarse. Me explico: el juego termina cuando el protagonista decida volver a su casa y hacer las paces con su padre, lo cual puede ocurrir en menos de una hora, o no ocurrir nunca; es decisión del jugador. La historia termina cuando al chico se le termina la rabieta, real como la vida misma. Pero vivir aventuras es demasiado tentador. Terminar el modo historia no creo que lleve más de 20 horas, pero siempre hay cosas por hacer.


Acerca de los aspectos técnicos, pues ya sen ven en las capturas: gráficos muy agradables y coloridos. Sin embargo, se nota mucho en algunas zonas que están recicladas, pues la cueva y el volcán son exactamente iguales. No hay excesiva variedad de enemigos, pero los sprites son muy grandes y detallados durante las batallas (aunque extrañamente el del protagonista no) y los grandes protagonistas vuelven a ser los tanques. Hay un detalle gráfico muy curioso que me hizo mucha gracia y es que el chaleco de tu personaje y su gorro de piloto se mueven ligeramente cuando andas, en vez de la ropa totalmente estática que hay en la mayoría de juegos. La música cumple su cometido, pero a veces estás demasiado rato en una zona dividida en segmentos o pisos y la misma pista todo el rato llega a hartar bastante. Además, el mapa del mundo tiene un tema distinto si vas en el tanque, bastante más soso que el tema normal. Y claro, te pasas el 90% del tiempo dentro del tanque, así que pese a no martillear tus oídos, sí que resulta fácilmente cansina.


Metal Max es un JRPG muy divertido, que además se sale de la típica ambientación medieval. No tiene mucha historia, pero sí pequeños guiños y chistes a quien sepa encontrarlos, y repleto de secretos que están ahí esperando ser descubiertos. Los combates cumplen con su cometido, y coleccionar tanques y sus respectivas piezas es de lo más entretenido. No es lineal y da una gran libertad, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, y también de muchos JRPGs posteriores. Es como si fuera un RPG occidental para consolas, pero con el toque bizarro japonés. Altamente recomendable.
⬆