Viciando a... (II): Metal Gear Solid 3
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El otro día salió Metal Gear Solid V: Ground Zeroes que, sí: ya me he pasado. Hablaremos de mis opiniones otro día, pero está claro que hoy día Metal Gear Solid me encanta. No obstante, no siempre fue así... Vengo hoy reciclando una entrada que escribí hará cosa de un año, y que hoy modifico un poco, pero que me viene que ni pintada. Vamos a hablar de ésta saga en general, pero concretamente del grandioso Metal Gear Solid 3... ¡¡SNAKE EEEEATER!! (Y si sois verdaderos fans, eso último lo habéis leído como la canción), uno de mis videojuegos favoritos de todos los tiempos. AVISO: Ésta entrada contiene algunos spoilers de MGS3.
Hace mucho tiempo, cuando yo iba a primaria, tenía una compañera de clase cuyo videojuego favorito era el archiconocido primer Metal Gear Solid de PSX. Lo trajo a mi casa, pero yo lo aborrecí rápidamente: tanta historia, tanto códec, tanta película. Yo sólo quería matar-matar-matar. En aquel entonces iba casi cada semana a rastras al cine con mis padres: ya tenía suficiente con todo lo que me obligaban a ver como para ver también una película en mi tiempo libre y por voluntad propia, así que no jugué más de media hora antes de dejarlo para siempre. Con el MGS2 la pobre chica tuvo resultados aún peores: por más que me suplicó que le diera una oportunidad, lo dejé si cabe antes que el primero. Para juegos de infiltración yo ya tenía el Splinter Cell, leches, que jugabas diez veces más y tenías LA GANZÚA. El puto mejor invento que ha tenido un videojuego de infiltración después del Octocamo.
Años después yo me fui a vivir a otra ciudad y ya había perdido todo contacto con ella; pero cuando vi en un videoclub el recién salido Metal Gear Solid 3, sentí por alguna razón el deber moral de alquilarlo. Lo pirateé vilmente para devolverlo enseguida, porque sabía que me iba a llevar mucho tiempo terminarlo, y el dichoso Verbatim estuvo cosechando polvo durante años, porque estuvo en la consola lo justo para ver que funcionaba. Hacia 2007, un sábado por la mañana me aburría de mala manera, y entre los juegos que tenía, se me ocurrió probar aquel Metal Gear que había alquilado hacía tanto en un ataque de nostalgia: a las dos horas, me estaba maldiciendo por no haberme puesto antes.
La aventura de Snake me enganchó de principio a fin. Encontré divertidísimos los códecs (muy variados y con muchas curiosidades), descubrí que me lo pasaba genial jugando con un juego de infiltración que no fuera Splinter Cell (otro día hablamos de ésta saga a la que amo con el ímpetu del viento) pese a que se me diera fatal porque la jungla era enorme, y me flipé lo suyo con los uniformes y las pinturas de camuflaje. Disfruté de las escenas de vídeo como no había disfrutado de una historia en mucho tiempo, y me enganché muchísimo al juego en general, aunque el principal incentivo fuera su trama. Como avanzaba muy despacio pese a jugar en el modo más fácil, cada día al volver a casa me ponía a jugar un par de horas y me tuvo jugando a la Playstation de forma muy asidua durante la semana que debí de tardar en terminarlo.
Creo que el combate contra The End es mi jefe favorito de todos los tiempos. No se me hizo para nada pesado: me dejó con ganas de más, y me lo pasé tan bien que me supo mal que no hubieran más partes así en el juego. Una tarde entera buscando su rastro, las pistas que me podían llevar a él, usando el micrófono direccional, y tratando de sobrevivir. Pero eso no es todo: en partidas posteriores vi que habían varias formas de zanjar el combate, sin tener que alargarlo durante horas, o convertirlo en una batalla mucho más rápida y agresiva. ¡Pura genialidad! Porque ésa es otra: en el juego había que cazar para mantener la barra de vida alta, y la fauna no es precisamente escasa. Cada vez que cazaba algo llamaba a Para-Medic para que me explicara cosas al respecto, y me lo pasaba en grande buscando nuevos tipos de comida (soy una fan del Último Superviviente, y éste juego era como una fiel recreación). Me comí hasta a los cocodrilos, y algunos alimentos me jugaron malas pasadas... Sin dejar de lado a tus propios compañeros y la coña tremenda que se puede montar en el códec si encuentras una seta lumnisciente.
Por supuesto, cuando me tocó disfrazarme hice el gilipollas durante al menos un par de horas a ver qué curiosidades podía hacer (como toda persona que juega, creo). Me maravilló descubrir las miles de chorradas que te permitían. Un entorno bastante abierto que, sí, está siempre conducido por una historia. ¿Pero y las mil maneras de avanzar por un escenario? Llamar la atención de un guardia con una revista, tenderles una trampa y destruir su cuartel... esperar a que salgan a por comida y, cómo no, cazarlos como conejos cuando menos se lo esperen. Colocar minas antipersona. Interrogarlos y descubrir los secretos del juego... Proceder con sigilo sin que nadie te detecte si quiera, o liarte a tiros mientras llevas a un rehén a cuestas. Por no hablar de la emocionante pantalla en la que has de huir por un cuartel lleno de soldados usando únicamente una caja.
Luego está la historia, claro, aunque prefiero no detenerme mucho aquí. Algunas fumadas tremendas, como ése señor de las avispas o el escuadrón cobra en general, que al morir gritan su propio nombre y explotan. ¿Perdón? Yo no entendía nada, pero todo me daba igual. Me lo pasé en grande con la historia, con las intrigas de personajes, con la genial espía EVA, o el gran carisma de The Boss. No todo era drama, y el juego derrocahaba también un genial sentido del humor que te hacía encariñarte más si cabe con los personajes, lo cual personalmente es un grandísimo punto a favor. ¿Y la ambientación en sí, situándose durante la guerra fría? Al final me metí en la historia como si fuera el mejor de los libros, y con el final lloré tantísimo que durante los créditos me tuve que ir a lavarme la cara porque no veía nada. Así, sí.
Por supuesto, cuando me tocó disfrazarme hice el gilipollas durante al menos un par de horas a ver qué curiosidades podía hacer (como toda persona que juega, creo). Me maravilló descubrir las miles de chorradas que te permitían. Un entorno bastante abierto que, sí, está siempre conducido por una historia. ¿Pero y las mil maneras de avanzar por un escenario? Llamar la atención de un guardia con una revista, tenderles una trampa y destruir su cuartel... esperar a que salgan a por comida y, cómo no, cazarlos como conejos cuando menos se lo esperen. Colocar minas antipersona. Interrogarlos y descubrir los secretos del juego... Proceder con sigilo sin que nadie te detecte si quiera, o liarte a tiros mientras llevas a un rehén a cuestas. Por no hablar de la emocionante pantalla en la que has de huir por un cuartel lleno de soldados usando únicamente una caja.
Luego está la historia, claro, aunque prefiero no detenerme mucho aquí. Algunas fumadas tremendas, como ése señor de las avispas o el escuadrón cobra en general, que al morir gritan su propio nombre y explotan. ¿Perdón? Yo no entendía nada, pero todo me daba igual. Me lo pasé en grande con la historia, con las intrigas de personajes, con la genial espía EVA, o el gran carisma de The Boss. No todo era drama, y el juego derrocahaba también un genial sentido del humor que te hacía encariñarte más si cabe con los personajes, lo cual personalmente es un grandísimo punto a favor. ¿Y la ambientación en sí, situándose durante la guerra fría? Al final me metí en la historia como si fuera el mejor de los libros, y con el final lloré tantísimo que durante los créditos me tuve que ir a lavarme la cara porque no veía nada. Así, sí.
| Fumadas más gordas hemos visto en ésta saga |
| Visito demasiado Tumblr. |
A veces, me acuerdo de mi amiga de primaria. ¿Todavía le gustará Metal Gear? ¿Amará la tercera entrega más, si cabe, que las otras dos? ¿También está enamorada de Big Boss? ¿O dejó los videojuegos? Dudo que nunca llegue a saberlo, pero desde aquí sólo puedo decir que muchas gracias por descubrirme ésta genial saga, aunque al principio tropezáramos un poco. MGS3 siempre será uno de mis juegos favoritos.
ACTUALIZACIÓN (19/01/2016): lo que es el destino. Hoy he acabado hablando con esa chica tras más de diez años sin contacto alguno, y ha salido el tema. ¡Todavía le gusta Metal Gear! Ahhh, qué recuerdos...
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