5 razones para amar u odiar Drakengard



Love. Crimson Blood. Poison. Eternity. Revenge. Two. Sacrifice. Mother. Ritual. Scarlet. Prayers. 
Heresy. Hell. Solitude. Clouded Skies. Madness. Goddess. The World Watchers. Adore. Us.

Casi que el tráiler mola más que el juego.


Éste año será el décimo aniversario desde el lanzamiento original de Drakengard en Japón, donde se llamó Drag-on Dragoon. A mí, que cualquier excusa me sirve para mencionarlo, me ha apetecido dedicarle una entrada. Fue uno de los primeros juegos lanzados por Square Enix, aunque de hecho estaba desarrollado por un pequeño estudio llamado cavia, que vivía de hacer juegos de franquicias ya conocidas, pero que por primera vez pudieron hacer algo original.

¿Es Drakengard el juego más adecuado al que dedicarle una entrada repleta de amor y purpurina? No. Eso suele hacerse con juegos antiguos, o con los que han pasado totalmente desapercibidos y merecen un reconocimiento, cosa con la que Drakengard no cumple en absoluto. Es decir, el que realmente sí merece una entrada así es su "secuela", NieR. Drakengard ha sido apaleado por la crítica, y comprendo que estéis de acuerdo. Es muy... especial.

Pero precisamente porque es uno de ésos juegos odiados para toda la eternidad por la cantidad de fallos que tienen, debería explicar por qué me gusta tantísimo. Éstas razones no son necesariamente buenas:  para mí son virtudes, pero dependiendo con el cristal con el que se mire, son defectos imperdonables. No, de hecho, seguramente son defectos imperdonables, pues la paciencia tiene un límite. Pero no importa. La entrada revela la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad, desde el punto de vista de una fan enloquecida. Estáis avisados.


1.- LOS PERSONAJES

Los personajes de Drakengard no están muy desarrollados: sólo hay dos de ellos que tienen una ligerísima evolución, y tan sólo en un final. ¡Toma ya! El resto terminan igual que empiezan, con un desarrollo e interacción mínimos; y mira que son una mina de oro. Así pues, ¿por qué íbamos a querer a unos personajes tan planos, sosos y predecibles?

Lecciones de la vida, estilo cavia. Por cierto, son niños.
¡¡DRAKENGARD!! WAJAJAJAJA.

La respuesta es bien sencilla: no, no tienen el mismo nivel de desarrollo narrativo que otros juegos ni por asomo, es más: en ocasiones, el desarrollo del juego está hecho con los pies. Pero debemos afrontar que se encuentran también fuera de lo común. Nos vemos manejando a un "héroe" que no es heroico en absoluto: es un sociópata sanguinario.

Y lo mejor de todo es que le acompañan una especie de trobador que toca el harpa después de que Caim haya apuñalado repetidamente a varios hombres incluso después de muertos, una hermana a la que todo ésto le parece muy normal, una dragona que podría ser el único personaje cuerdo, un pederasta que es la única buena persona que verás en todo el juego, una elfa caníbal comeniños completamente loca, y un niño de seis años. ¿Cómo no iba a adorar semejante cast?


2.- SUS FINALES TROLLEADORES

¿Eh? ¿Hay un final extra para el cual tienes que conseguir todas las armas y completarlo todo al 100%, incluso las estúpidas misiones secundarias? Da por hecho que va a ser el peor final. Hay cinco, y el que aparece por defecto es el único que se puede considerar un buen final. El resto son totalmente... No sé como definirlos.

Después de ver esto, no podría olvidarlo aunque quisiera.
¡DRAKENGARD! WAJAJAJAJAJA


Son... ¿Apocalípticos? ¿Perturbadores? ¿High Octane Nightmare Fuel? ¿Demenciales? En fin. Yo amo el juego por éstos finales imposibles de olvidar, especialmente el segundo y el cuarto. El final secreto es una extraña broma de cavia que dio lugar a NieR, siendo el True Final Boss la batalla más difícil, estúpida y sádica que me he encontrado en videojuego alguno (aunque en el fondo me gusta por algún extraño Síndrome de Estocolmo). Amorosos, trolleadores y odiosos a partes iguales, los finales no dejan indiferente a nadie. Y eso es bueno, muy bueno.


3.- SU ODIO A LOS NIÑOS

Cavia odia a los niños. Es algo de lo que te das cuenta viendo éste juego. ¿Que hay una misión secundaria? ¡Vamos a hacer que esté totalmente dedicada a matar niños! ¿Que hay un niño? ¡Hagamos que sea amigo del pederasta! ¿Que queremos impresionar para siempre a los jugadores? Bueno... ¡Tenemos el cuarto final! Y más, mucho más, que no puedo revelar. El director del juego tiene una extraña fijación con destruir la felicidad de todo el mundo, y si son niños, más. 

Y entonces llega la elfa caníbal y los rescata para comérselos.
¡DRAKENGARD! WAJAJAJAJA.

El odio a los niños en éste juego es tal, que hasta en las historias ultrasecundarias de las armas, si te tomas el tiempo de leerlas, tienen cuentos tan emotivos como el de unos niños que jodieron para siempre la existencia de alguien, niños asesinos y manipuladores, niños que muertos hubieran hecho un mejor servicio a la sociedad, etc. ¡Es de tan mal gusto! Ésta extraña costumbre la moderaron un poco en NieR, pero en Drakengard la encontramos en su vertiente más bestial. Diréis: ¿por qué te gusta éste odio a los niños? Pues porque es lo lógico en ése mundo cruel y depravado en el que se ambienta Drakengard. Nadie está a salvo y los niños son los más vulnerables; no como en otros juegos en los que son intocables. Es arriesgado, es único, casi es original. No gustará a todos, ¡pero seguro que no lo habíais visto antes!


4.- ABSURDEZ (INVOLUNTARIAMENTE) HILARANTE
"¡Eh, una elfa loca acaba de intentar matarte para comerte porque no había ningún niño cerca!"
"..."
"La he apaciguado con mi hechizo inútil, aunque no sé cuánto durará."
"..."
"Nos la llevamos en nuestro grupo. ¡En marcha!"
"..."
Lógica de Drakengard. 
Fuente: por AQUÍ.
Deberíais ver ésta escena, es descojonante.
¡DRAKENGARD! WAJAJAJAJA.

 Y así un sinfín de escenas absurdas. En ocasiones el juego está contado con los pies, hasta el punto en que te preguntas si alguien se le ocurrió revisar lo que estaba ocurriendo: te pueden decir que hay que salvar a X personaje, cuando lleva tres capítulos muerto y todo el mundo lo sabe. Vale, las incoherencias no son tantas (aunque ésa en concreto sí ocurre), pero hay algunas escenas inconexas y absurdas como la descrita arriba, que dan para risas. Muchas risas. Y a mí me encanta reírme. ¿Cómo no iba a adorarlo? Es tan malo, que es bueno. O no.


5.- LA BANDA SONORA

Muy pocos juegos tienen una OST tan personal que, con oír tres segundos, sepas enseguida de dónde ha salido.Al principio es bastante normal: te puede gustar más o menos, pero no cabe duda de que es música. Poco a poco, la historia del juego va cambiando, tornándose cada vez más cruel y oscura: si algo puede salir mal, saldrá mal. Éstos cambios se reflejan en la BSO, y mientras que en el capítulo uno nos encontramos con música repetitiva pero bastante épica, para cuando lleguemos al capítulo ocho... bueno... cada vez se vuelve más extraña (y muchas veces desagradable), pero siempre de forma adecuada en contexto a la historia: por separado quizá no te dice nada, pero éste tema en su escena correspondiente, se te queda grabado a fuego para siempre.

I.Hear.A.Sound.
Y entonces descubres que cavia te odia. MUCHO.

La música de Drakengard es sin duda una de las mejores y peores cosas del juego, que divide incluso a los fans. La idea es que buena parte de la OST está constituída de doce famosos temas de música clásica, pero en vez de grabarlos y colocarlos tal cual, decidieron hacer remixes, loops extraños de tres segundos, incluír algún instrumento raro... Como es de suponer, es bastante... experimental, y al final ningún tema de la banda sonora se parece en absoluto a los originales de los que parten. La música es extraña, repetitiva y muchas veces pone de los nervios (¡dios, la música del capítulo ocho!), ¿pero sabéis qué? Es tremendamente adecuada, y sus tonos discordantes quedan estupendamente: gusten o no, no cabe duda de que son intencionales. Es imposible imaginar Drakengard con otra banda sonora.


EN RESUMEN

"A mi el primero me parecía un poco cansino por el modo de juego, pero me molaban los personajes y el ambiente caótico apocalíptico chungo. Luego en lo de los Bad Ends sí que disfruté como una perra."

-Jannan dixit mientras criticábamos Drakengard 2 (sabia mujer).

¿Que si debéis jugar a Drakengard? ¿Quién soy yo para decidirlo? ¡Pepinillo guerrero! Me dijo que se lo habían prestado y le dije que no lo jugara porque se aburriría como una ostra; cosa que efectivamente ocurrió, y con razón. Me parece muy lógico: los puntos negativos pueden superar ampliamente las cosas ¿buenas? de las que he hablado ahí arriba. ¿Para mí? Para mí sí vale la pena, es... único. Original. Irrepetible. Nunca había visto una fumada de tal calibre, y dudo que la vuelva a ver.

El protagonista sólo es capaz de sonreír poniendo ésta troll face.
¿Entendéis por qué lo adoro?
Por otro lado, lo desrecomiendo totalmente. ¿Es que no habéis leído el post? ¡¡Es horrible!! He dado cinco importantes razones para odiarlo, sin entrar siquiera en su monótono gameplay estilo Dinasty Warriors que echará atrás a más de uno y de dos (aunque calcinar vivo a miles de soldados clónicos desde el dragón tiene su gracia). Hay muchísimos inconvenientes, el gameplay oscila entre soso y aburrido (no es especialmente malo, pero es que es un género un tanto cansino), y las muchísimas personas que se acercaron a él pensando que era un JRPG de Square Enix se llevaron una decepción tremenda y mayúscula, lógico, viendo que anunciaban el juego como si fuera así.

No hay duda de sus defectos, pero también tiene muchas virtudes para aquél que las sepa encontrar. ¿Sabéis qué? Cuando aún ponía notas, le casqué un pedazo de ocho. Sí, un O-C-H-O. Y aunque a veces pensaba que era una nota injusta o exageradamente alta... volvería a hacerlo. Sé perfectamente que lo más sensato es no jugar a Drakengard. Pero, ¿Y sus personajes, sus momentos absurdos, su odio a los niños, su excelente banda sonora y sus inquietantes finales? Dios, deberíais conocerlos. No espero que nadie lo juege, pero al menos podéis ver el mejor Let's Play de la historia y salir de dudas: ¿merece Drakengard su mala fama? ¿merece el amor infinito que yo le profeso? Juzgad vosotros mismos.

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