[PS3] Drakengard 3
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¿Creéis en los milagros? Nunca fui muy supersticiosa, pero el día que se anunció Drakengard 3, me pilló (como a todos) totalmente desprevenida. ¿De dónde cojones salía aquello? El éxito de NieR fue discreto, pero poco a poco se ganó un pequeño hueco en el corazón de muchos aficionados, y es gracias a ello que hoy podemos disfrutar de Drakengard 3, probablemente el exclusivo más loco que podamos disfrutar en PS3. He tardado lo mío, me ha costado mucho, pero aquí está: el análisis número cien de éste blog, cifra que al principio parecía inalcanzable pero que realmente ha llegado, y que por supuesto sólo podía hacer justicia a un juego tan especial como éste en un día como hoy.
Como cada cosa que hace Yoko Taro, no se puede esperar nada de Drakengard 3 (a partir de ahora, DOD3), porque cualquier esquema que tengamos de "cómo es DOD3 en base a mi experiencia con DOD1 y NieR" será invariablemente roto al poco de comenzar la partida y, como era de suponer, el grueso de gente que quería otro juego lacrimógeno de amor y amistad después del maravilloso NieR, ha quedado profundamente decepcionado... DOD3 es una experiencia, cuanto menos, curiosa. Vamos allá.
La historia es bien sencilla: muchos años antes de DOD1, cinco entonadoras descendieron de los cielos e impusieron la paz con el poder de su canción, pero Zero, la mayor de las hermanas (son seis, pero Zero va a parte), se propondrá matarlas a todas acompañada de su dragón Mikhail, poniendo al jugador en el lado oscuro. ¿Y ya está? Realmente la historia va de matar hermanas y robarles sus novios (quizá sería más apropiado decir concubinos) y poco más. En ningún momento intentan fingir que la historia es tremenda ni nada, sino que se queda en poco más que esto. No obstante, DOD1 sólo trataba de derrotar al imperio del mal, y en ésta ocasión contaremos de nuevo con unos compañeros de lo más sorprendentes.
| Las misiones secundarias con limite de tiempo tocan mucho los cojones. |
La historia es bien sencilla: muchos años antes de DOD1, cinco entonadoras descendieron de los cielos e impusieron la paz con el poder de su canción, pero Zero, la mayor de las hermanas (son seis, pero Zero va a parte), se propondrá matarlas a todas acompañada de su dragón Mikhail, poniendo al jugador en el lado oscuro. ¿Y ya está? Realmente la historia va de matar hermanas y robarles sus novios (quizá sería más apropiado decir concubinos) y poco más. En ningún momento intentan fingir que la historia es tremenda ni nada, sino que se queda en poco más que esto. No obstante, DOD1 sólo trataba de derrotar al imperio del mal, y en ésta ocasión contaremos de nuevo con unos compañeros de lo más sorprendentes.
Zero es una mandona bruta y violenta que se aburre fácilmente de todo, pero que está acompañada por un grupo de lo más surrealista y variopinto: su harén masculino tan particular, formado por Dito (un menor considerablemente sádico), Decadus (un masoquista extremo y mi amor platónico), Octa (un abuelo de más de cien años que folla, literalmente, con todo lo que se mueve) y Cent (guapito de cara más bien tonto que destaca por... ¿ser el único normal?). Junto a Mikhail, el bebé dragón Moe que es el niño obligatorio en todo juego de la saga, y además el reclamo cómico, formarán un peculiar grupo en el que predominará sobretodo su humor soez, pues la principal baza de DOD3 es (¡¡¡ALERTA!!!), su sentido del humor. No es una broma: DOD3 tiene momentos que me han hecho descojonarme a lo grande (algo muy sano) debido a que se toma muy poco en serio a sí mismo, pues no sólo rompe constantemente la cuarta pared sino que deconstruye (de forma totalmente diferente a sus antecesores) los estereotipos y preconcepciones de lo que solemos encontrar en cualquier JRPG: el viejo sabio, el dragón hiperpoderoso, el caballero andante o la protagonista perfecta a la que todos siguen sin rechistar. Y todo eso, sin tratarse de un JRPG, ojo.
Mientras que los dos primeros juegos eran musous de pies a cabeza y NieR caía en terreno JRPG, DOD3 queda en tierra de nadie y se parece más a un juego de acción genérico y cutre a más no poder, que a ninguno de los géneros mencionados. Como evolución (o "vuelta a los orígenes" más bien), podemos volver a elegir la misión que queremos jugar desde el menú principal (contando también con misiones secundarias mucho más breves), pero el volumen de enemigos es demasiado reducido para un musou. Tenemos cuatro tipos de armas: espada (viene de base), lanza (el arma más poderosa), chakram (para enemigos a distancia) y guantes de boxeo (mis favoritos sin duda), todas ellas con diferente aspecto, historia (que se desbloquea con cada mejora que compremos) y combos. Sí: ¡¡COMBOS!! Son muy simples (cuatro por arma), pero los hay, y dependen también del peso y armas que llevemos, que ésta vez no se repiten de juegos anteriores sino que son totalmente nuevas, además de permitirnos cambiar de equipo al vuelo sin tener que pausar el juego, encadenando combos por el camino.
| La mejor hermana de todas joder. |
A parte de ésto, podremos contar con dos de nuestros discípulos para que nos acompañen al combate, pero no sirven para NADA y no se puede confiar en ellos (los diálogos tampoco cambian según a quien lleves, pues están planteados como si todos los personajes estuvieran en pantalla). El único aliado útil será Mikhail, pero serán muy escasas las ocasiones en que podremos aprovechar su potencial: misiones concretas que nos permitirán invocarle para que nos ayude desde el aire sin poderlo controlar. Así es: a diferencia de DOD1 y DOD2, las misiones aéreas no son ni una décima parte del juego, y además se han visto considerablemente recortadas: ahora es todo más parecido a un shooter on-rails. Quizá ésta ha sido mi mayor decepción con el juego.
| EL KUNG FU HA LLEGADO A DRAKENGARD |
En el apartado técnico, Drakengard 3 es, sin duda, lo peor que he jugado en la última década. No es un tema de gráficos (que son malos para ser un juego de PS3 en 2014, sí, y NieR lo superaba hace ya cuatro años), eso es bastante indiferente. Pero nunca un juego exclusivo estuvo tan mal optimizado, porque una cosa es que DOD3 tenga el presupuesto de un juego de tercera para Nintendo DS, y la otra es que se mueva como un port penoso de juego de consola convertido a PC por un grupo de japoneses que desconocen que dicha plataforma existe. Errores gráficos, algún enemigo que vuela cuando no debe... pero, sobretodo, los tirones que pega el juego cuando se juntan más de 30 enemigos en pantalla (que considerando los gráficos del juego, que todos los enemigos son iguales, y que DOD1 tenía unos 1000 enemigos en cada misión, es bastante flipante). Una desgracia que alguien (Square Enix, Access Games, o quien sea), debería mejorar de cara a su siguiente juego.
| Decadus, casémonos mañana mismo |
En el tema sonoro, en cambio, estamos ante una sorpresa positiva. Hay tres tipos de canciones: las genéricas de batalla que intentan imitar a DOD1 sin éxito (es muy difícil imitar ése sentimiento loco y caótico), las canciones más tranquilas que son muy parecidas a las de NieR (y, automáticamente, perfectas... en éste caso no es imitación, pues se trata del mismo compositor y la misma cantante), y finalmente, mis favoritas: los temas de jefes puramente Drakengard 3, con un estilo totalmente diferente al resto de juegos. Lo malo es que ésta banda sonora es un poco Frankenstein: hay muy poca homogeneidad por el intento de hacer música similar a dos títulos anteriores que, a su vez, tenían bandas sonoras muy dispares... en vez de confiar en el potencial propio de la música específica de DOD3 (que es puramente electrónica y al principio choca, pero es perfecta para el juego). Una lástima, pues la falta de personalidad propia en los dos primeros tipos de canciones son lo que hacen bajar el nivel del juego, aunque todos los temas son de gran calidad (sólo que no pegan demasiado, es algo difícil de explicar). Aún así, un notable alto en éste apartado.
Después de todo esto, queda una gran interrogante: ¿me ha gustado Drakengard 3 y es cercano a mis expectativas, tras ése año repleto de hype? Es una pregunta fácil de responder. DOD3 ha decepcionado a muchísima gente, tanto a fans de la saga como a gente nueva, y es una lástima. Hay que saber entender que cada juego es diferente (Sobretodo si se espera otro NieR...), pero he disfrutado enormemente de cada segundo, de principio a fin, incluso el abominable jefe final que me ha costado seis meses derrotar y que, de no ser por un sabio consejo de Roy, aún no habría acabado el juego.
Estamos ante un título raro, pero RARO, repleto de autocensura, autoparodia, y autocrítica. Una carta de amor/odio para todos aquellos que en su momento se enamoraron de Drakengard, pero con un tono mucho menos serio y con muy destacables homenajes a aquel juego tan horrible y fantástico, hasta el punto en que me cuesta recomendar DOD3 sin haber jugado antes al primero. Sí, DOD3 es una precuela, pero algunos de los mejores momentos del juego son guiños a DOD1 que, para el que lo desconoce, se está perdiendo toda la gracia. Además, tanta parodia y chiste verde podrían auyentar incluso al fan más acérrimo que espera algo, pues... más como Drakengard 1.
Dudas: ¿comprarlo o no comprarlo? Esa es la cuestión. Por mi parte, DoD3 es una desgracia técnica, una catástrofe en diseño de fases, y un gran paso atrás en lo que respecta a las fases del dragón, que han menguado considerablemente. Pero que me aspen si no he disfrutado como una perra de cada segundo de Drakengard 3. Me reí a carcajadas en multitud de ocasiones, temblé de emoción cuando por fin conseguí derrotar al jefe final, amé a sus sorprendentes y rocambolescos personajes, adoré cada ruptura de la cuarta pared, me encantó la banda sonora pese a mis pegas, los jefes fueron geniales, y hubo momentos absolutamente gloriosos. Habrán muchos que opinen lo contrario, pero con sus pros y sus contras, DOD3 me ha dado justo lo que esperaba de él, y espero con muchas ganas lo siguiente que nos quieran traer. ¡Ha sido grandioso!
Obsesiones varias
Jugando:
Kentucky Route Zero
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- Tokyo Necro (PC) - Parche
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